Autor: editor

Vicente Gerbasi

Sin título, de Luisa Palacios

Vicente Gerbasi (1913-1992) es el principal representante de Viernes, grupo cercano al surrealismo, clave en la renovación de la poesía venezolana de los años 40. Su escritura es, a la vez, alucinada y armoniosa.

DOCUMENTO DE LOS SENTIDOS

He aquí un propósito de alucinado,
un paso más a orillas del abismo,
hacia el fondo agreste de la música,
donde duerme una pastora rodeada de yerbas del año:
hacer el relámpago sobre materiales de sombra,
iluminar hongos en rincones forestales,
despertar el agua en su silencio de serpientes azules.

He aquí que soy un habitante del sonido, de la humedad, del hueso,
en un espacio turbio de mercado,
donde se derraman las manzanas y las piñas,
donde brilla el ojo de la sardina.

Había dejado atrás a mis padres recogiendo bellotas en el crepúsculo,
vistiendo espantapájaros en una luz de confín.
Mis hijos vinieron de la sombra pastoreando conejos,
recogiendo estrellas en el césped.

¿Dónde estaba yo cuando descubrí la música
que hace desbordar las flores del día como en un espejo?
Mi edad había iniciado una cacería de venados bajo las palmas,
había guiado el entierro de un labriego
hacia el paraje lúcido de las cigarras.

¿Hacia dónde iba yo cruzando las noches del bambú
y la luz de los gavilanes?

Entré a la ciudad oyendo las campanas,
mirando las ventanas abiertas en un mes claro.

El perfil resume a los arcángeles,
despierta estatuas en el crepúsculo.
La ciudad después de la lluvia
es el espejo oscuro de los mendigos.

He aquí un propósito de alucinado:
fundar un espacio de lumbres, de escarabajos, de rostros
en el documento de los sentidos.

Los espacios cálidos, 1952.


Edmund Spenser

Tres niñas, de un seguidor de William Larkin

Edmund Spenser (1552?-1599) es, tras Wyatt y Surrey, el tercer gran eslabón en la consolidación del soneto en la poesía inglesa. Su obra muestra los ideales caballerescos, la condición sublime del hecho religioso y el amor como voluntad salvadora.

FELICES VOSOTRAS HOJAS, CUANDO ESAS MANOS DE LIRIO…

Felices vosotras hojas, cuando esas manos de lirio,
que sostienen mi vida con su poder de causar muerte,
os cojan y os ciñan con las bandas suaves del amor,
como a cautivos que ante el vencedor tiemblan.

Y felices versos, a los que con luz de estrellas,
esos ojos de lámpara a veces se dignen mirar
y leer las penas de mi espíritu angustiado,
escritas con lágrimas en el cerrado libro del corazón sangrante.

Y felices rimas bañadas en el sagrado arroyo,
del Helicón de donde brota,
cuando contemples esa bendita mirada de mi Ángel,
a mi alma largo tiempo le faltó alimento, a mi cielo júbilo.

Hojas, versos y rimas, buscan agradar tan sólo a ella,
pues si a ti te agradan, por nadie más cuidados tengo.

Amoretti, 1595. Traducción de Santiago González.


Jorge Boccanera

Sin título, de Gabriel Salomón

Para Jorge Boccanera (Argentina, 1952) la poesía “ilumina momentos profundos del ser humano, profundas intensidades”. El amor, la muerte, el compromiso político  son algunos de los temas que recorren su obra..

DEL OFICIO DE LA POESÍA

Hay que incendiar a la poesía
y cantar luego
con las cenizas útiles.

Poemas del tamaño de una naranja, 1979.


Aquilino Duque

Desnudo, de Ricardo Macarrón

El poeta y ensayista de pensamiento liberal Aquilino Duque (Sevilla, 1931) considera la poesía “más como cántico que como sermón, más como revelación que como testimonio”. En sus versos se percibe el magisterio de los grandes poetas andaluces del siglo XX, del modernismo y del 27.

DIALÉCTICA

Somos la inmensa mayoría;
somos todos iguales y mediocres.
Tú, poeta, no olvides que eres masa;
canta en el coro y nunca se te ocurra
salir de formación o adelantarte,
que el que destaca es un insolidario
reo de lesa historia, y tú no debes
olvidar que nosotros olvidamos
piadosamente tus orígenes.
¿Que fuiste un precursor?
¿Que tu palabra precedió a la aurora?
Somos la luz, la eternidad es nuestra.
Vivimos en aurora permanente.
Limítate a cantarla y, si dudases
aún, ven y pregunta, que doctores
tiene la santa madre historia.
¿Qué soberbia es la tuya
de buscar la verdad por cuenta propia?
¿Quién eres tú, que no te basta
esta ración de luz que se te asigna?
Ten calma. Algunas veces la verdad
es históricamente inoportuna.
Es cuestión de aguardar algunos años,
algunos siglos como mucho,
¿y qué son unos siglos cuando piensas
en la paradisíaca eternidad
que ganarás con tu silencio?
Esgrime el arma que te damos
y asesina cadáveres,
momias propiciatorias,
que el mundo de hoy está bien hecho
pues obra nuestra es.
Ya no hay contradicciones:
en nuestra sociedad, sino dialéctica.
Somos progreso, libertad, justicia.
La Historia está de nuestra parte.
Todo aquél que no canta con nosotros
canta contra nosotros.
Este es el juego, si lo aceptas
te leeremos todos, pues en ti
fulgirá, espejo colectivo,
la elevación de nuestro pensamiento.
Si no lo aceptas, abre tu escritorio
oloroso a manzanas putrefactas
y saca esa pistola que despeja
las dudas de una vez y para siempre.
A florecer, rosal planificado.
Y tú, viola tricolor,
flor ojerosa, pensamiento viudo,
no hagas escenas de mal tono
sobre la tumba de ese desdichado
zángano de la superestructura,
de ese poeta anónimo
que no tuvo bastante
con perder las cadenas.

1964. De palabra en palabra, 1972.


José Barroeta

Inverlunios, de Karim Borjas

La muerte, la infancia, la familia y su aldea natal (Pampanito, en Trujillo, Venezuela) pueblan las visiones surrealistas de la poesía de José Barroeta (1942-2006). Sus versos constatan el vacío del vivir, la pérdida de todo lo amado.

ARTE DE ANOCHECER

Hay un arte de anochecer.
De la entrada del cuerpo al alma,
de la niebla a la redondez
y del círculo al cielo;
hay un arte de luz,
un campo donde anochecer
es mirar la vida
con el cuerpo cerrado.
Hay un arte de anochecer,
un descenso en la entrada del día
a la completa oscuridad.
Un intermedio donde es necesario
recibir y saber todo sin estremecimiento.
Hay un arte,
un paisaje a veces amable,
a veces torvo,
donde ascenso y descenso son accesorios
de la materia limpia.
Hay un arte de anochecer.
Quien haya vivido o soñado con bosques,
luces y demonios,
lo sabe.

«Fluvial», en Arte de anochecer, 1975.