Categoría: Literatura chilena

Enrique Lihn

La ventana, de Ernesto Barreda

Hay en los versos de Enrique Lihn (Chile, 1929-1988) cierto desgarro, próximo a la antipoesía, al mismo tiempo que un regusto de erudición y clasicismo.

PORQUE ESCRIBÍ

Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
–¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria–.
Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces

De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudaran
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
–allí, por un momento, siquiera, en esa altura–
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.

Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos sicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.

La musiquilla de las pobres esferas, 1969.


Enrique Gómez-Correa

La danza de la muerte, de Roberto Matta

Enrique Gómez-Correa (1915-1995) es uno de los cofundadores del grupo Mandrágora, el cual daría forma y sustento al experimento surrealista en Chile. Concibe la poesía como una forma de penetrar en lo desconocido y recomienda huir «de los concursos, de los premios literarios, de la lepra y de Neruda».

MANDRÁGORA, ARTE POÉTICO

1

Al toque del relámpago
Sacad de paseo vuestro espíritu
Hacia los acantilados del mundo exterior
Tomad la primera palabra que salte sobre el labio
Y lanzaos con ella al infinito.

El mundo es una invención de poetas
El poeta es una invención de la palabra
Y la palabra es el perfil del sueño.

Que el hombre se busque en su obscuridad
Que viva en sus mitos
Que dé rienda suelta a su locura.

Es siempre ese juego de peligros
Ese ir y venir de lo inteligible a lo ininteligible
La necesaria presencia actual de la inefable
Que se nos va que se nos va
Y que por un golpe de azar reconocemos y capturamos
En la angustia de la mañana en la angustia de la tarde en la angustia de la noche
En fin comprendes
En plena soledad.


Diego Dublé Urrutia

Riberas del Mapocho, de Alberto Valenzuela Llanos

El interés de Diego Dublé Urrutia (1877-1967) por la vida hogareña, el campo y las costumbres populares hacen de él el primer poeta criollista de Chile.

MI LAÚD

La caja de mi laúd
la fabriqué en una tarde,
con astillas arrancadas
al ataúd de mi padre.

Las cuerdas de mi laúd,
como lo dicen sus sones,
son fibras deshilachadas
del corazón de los hombres.

Las notas de mi laúd
me las escribe una bruja,
a quien he dado un tintero
y un aposento en la nuca.

En fin, yo soy un cantor
de esas penas y nostalgias
que se cultivan hoy día
como las flores del alma.

Veinte años, 1898.


Alberto Rojas Jiménez

Ilustración de Hernán Castellano Girón para el libro “Alberto Rojas Jiménez viene volando”

Los poetas Alberto Rojas Jiménez (1900-1934) y Martín Bunster, bajo los seudónimos Zain Guimerl y Juan Martín, publicaron el primer manifiesto Agú, movimiento de vanguardia chileno, vinculado al dadaísmo, que buscaba la depuración del lenguaje, acceder al grito primario del hombre, al primer verso del recién nacido.

PRIMER MANIFIESTO AGÚ

En un principio la emoción fue.
Agú. Lo elemental. La voz alógica.
El primer grito de la carne.
Hoy sólo queda la palabra, sobajeada y sobajeada.
Lunar postizo, colorete.

Fuera hilvanes!…

El agua es el agua.
La tierra es la tierra.
El cielo es el cielo.

No busquemos.
Glosemos sólo la emoción orgánica de lo que está: la célula, el corpúsculo de luz
[y de sonido.
Señalemos el punto vital de cada instante.
Afirmemos la trascendencia de las fiestas espontáneas.

No busquemos.
No busquemos.
No busquemos.

Recibamos.

Seamos ánfora: Espejo-Nervio.

Reivindiquemos el sobresalto, la caricia fugaz, el mordisco…
La tristeza de la grasa sobre el abdomen…
El juego de los músculos…

Vamos a la Emoción Desnuda.
Sin forma. Sin forma.
… … … … … … … … … … …
–¿Se emociona Ud. en endecasílabos?
… … … … … … … … … … …

¡EL GRITO!… EL GRITO!… EL GRITO!

Poetas:

A sincerarse. El paso ha sido dado.
Agú es la Verdad. Lo Espontáneo.
Agú no necesita aprendizaje. Ni lecturas. Ni erudición.
Agú está.

Revista Claridad, nº 6. Noviembre de 1920.


Pedro Lastra

Contorsión, de Hugo Marín

La experiencia del exilio y la extranjería, el amor a los libros y la celebración de la amistad son temas recurrentes en la poesía del poeta y crítico literario Pedro Lastra (Chile, 1932).

ARTE POÉTICA

En un cielo ilegible he pintado mis ángeles
y es allí que combaten por mi alma,
y en la noche me llaman de uno y otro lado:
no en el día,
porque la luz les quita la palabra.

Noticias del extranjero, 1959-1998.