Categoría: VIII) Contemporáneos

Antonio Hernández

Pasarela para D. Diego, de Emilio Prieto

La poesía del gaditano Antonio Hernández (1943) hunde sus raíces en la memoria y en el testimonio. El amor a Andalucía, su paisaje y sus gentes, la defensa de los oprimidos y la visión nostálgica de la infancia son algunos de sus temas.

AH, DEL CASTILLO

Se ahogó la princesa,
y el príncipe.
Se hundieron las mesnadas,
sucumbieron
pendones y caballos
cuando la ola se llevó el castillo
que construí en la arena
de Cádiz, siendo niño.

Pero quedó el juglar.

Indumentaria, 1986.


Jorge Riechmann

Emigrante muerto, por Cristóbal Toral

Jorge Riechmann (Madrid, 1962) cree en una poesía que acompañe al ser humano, que sirva de indagación crítica en la realidad de su tiempo. A la poesía consoladora y melancólica, que busca gustar, prefiere aquélla, desconsolada y rabiosa, que necesita ser dicha.

OTRO RITMO POSIBLE

Un buen verso
no sacia el hambre.

Un buen verso
no construye un jardín.

Un buen verso
no derriba al tirano.

Un verso
en el mejor de los casos consigue
cortarte la respiración
(la digestión casi nunca)

y su ritmo insinúa otro ritmo posible
para tu sangre y para los planetas.

Poesía practicable, 1992.


Ana Rossetti

Danza cubana, de Isabel Muñoz

Un erotismo trasgresor y un esteticismo culturalista, que se nutre de mitos clásicos y cristianos, y también de otros más modernos, como los poetas románticos, el cabaret y el teatro, caracterizan la obra de la gaditana Ana Rossetti (1950).

AUN LA ESCRITURA DEJA ATRÁS SUS RENGLONES DESATANDO SU INCONTENIBLE ESTELA…

Aun la escritura deja atrás sus renglones desatando su incontenible estela:
impronta que reseca su lacada herida;
sentimientos que se alejan hasta desvanecerse, hasta abismarse, veloces en
[las ráfagas nubladas del principio.
Conforme crece se empequeñecen sus vagones de carga perecedera: imágenes
[que se convierten en reflejo;
consignas que acumulan sus escombros, que domestican sus significados hasta
[que deja de ser.
Irreversiblemente, las palabras, mientras avanzan, mientras se abren camino
[en el vacío, mientras su máquina demoledora persigue los instantes,
van empapando, absorbiendo el agua de la clepsidra.
Van acortando el lápiz, acelerando su consunción, al intentar organizar la
[pervivencia.
Van desposeyéndose, transformándose, escapando en tanto apresan y
[precisan y detienen.
Pues seguir no es sino dejar atrás, pasar la llana al compás de los péndulos,
[ahondar la saeta en el último tramo, fingiendo desdeñar, o desmentir,
[el pacto que liga la fragilidad a la existencia.

Punto umbrío, 1995.


José Antonio Mesa Toré

P de Pintura, de Roberto González Fernández

José Antonio Mesa Toré (Málaga, 1963) muestra especial predilección por la rememoración melancólica de episodios autobiográficos y el empleo del endecasílabo.

POÉTICA

Un joven, pensativo, mira el cielo,
paréntesis de luz en el afán estéril
de capturar el tono de la vida en un verso.
Han pasado los años con la prisa
del asesino por borrar las huellas
y el viento y las aguas huidizas se han llevado
la inocencia, las manos que en la noche
disponían los límites del sueño.
Todavía le quedan unas cuantas reliquias:
varios libros firmados, los diplomas
escolares y vanos que afean las paredes
y las cartas que desde la tardanza
le enviara una novia desdeñosa.
No sabe bien si el tiempo se recobra o se pierde
y acaso –piensa ahora– en esa duda
esté la madurez. Ya no es tan joven
como para ingresar en las antologías
del ramo, aunque le sigan
diciendo las visitas que es muy listo,
acepta en la bonanza de la tarde
que malgastó las horas persiguiendo fantasmas
entre la densa niebla de los folios.
Y con los ojos húmedos, cansado,
mientras a sus espaldas el cielo se oscurece,
regresa a su cuaderno: Un joven, pensativo

El amigo imaginario, 1991.


Javier Egea

Los hermanos Quintero, de Daniel Quintero

Javier Egea (Granada, 1952-1999) es uno de los fundadores de la corriente literaria conocida como La otra sentimentalidad, caracterizada por su compromiso político de izquierdas y por el distanciamiento de la experiencia personal. Fue el brote más llamativo de la llamada poesía de la experiencia.

POÉTICA

A Aurora de Albornoz
Mas se fue desnudando. Y yo le sonreía
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Vino primero frívola –yo niño con ojeras–
y nos puso en los dedos un sueño de esperanza
o alguna perversión: sus velos y su danza
le ceñían las sílabas, los ritmos, las caderas.

Mas quisimos su cuerpo sobre las escombreras
porque también manchase su ropa en la tardanza
de luz y libertad: esa tierna venganza
de llevarla por calles y lunas prisioneras.

Luego nos visitaba con extraños abrigos,
mas se fue desnudando, y yo le sonreía
con la sonrisa nueva de la complicidad.

Porque a pesar de todo nos hicimos amigos
y me mantengo firme gracias a ti, poesía,
pequeño pueblo en armas contra la soledad.

La otra sentimentalidad, 1983.