Categoría: VIII) Contemporáneos

Leopoldo María Panero

Trivium, de Dino Valls

Leopoldo María Panero (Madrid, 1948-2014), el más trasgresor de los novísimos, hace de la autodestrucción, de las obsesiones paranoicas, materia de su canto. Su palabra, cercana al delirio, inconformista y rebelde, ahonda en su sentimiento de desamparo.

INVOCACIÓN Y LECTURA

Del color de la vejez es el poema
que a la vida insulta y a los hombres increpa
llamándoles con voz de sirena hacia el desierto:
qué larga es hacia la nada la procesión de los hombres
con gritos y relinchos, y fuego en los dos ojos
y ceniza que cae señalando el camino
y alabando al abismo la página que escribo
y que se dobla y se tuerce entre tus manos.

Contra España y otros poemas de no amor, 1990.


Aníbal Núñez

Abrazo de dos ausentes, de Eduardo Naranjo

El poeta salmantino Aníbal Núñez (1944-1987) huyó del confesionalismo, buscando una poesía que se atuviera al lenguaje, que renovase la fantasía o la crónica con un previo compromiso con la palabra instrumental.

ARTE POÉTICA

Comenzar: las palabras deslícense. No hay nada
que decir. El sol dora utensilios y fauces.
No es culpable el escriba ni le exalta
gesta o devastación, ni la fortuna
derramó sobre él miel o ceguera.

Escribe al otro lado del exiguo gorjeo,
a mano. Busca en torno (fruta, lápices) tema
para seguir. Y sigue –sabe bien que no puede-
haciendo simulacro de afición y coherencia:
la escritura parece (paralela, enlazada)
algo. Un final perdido lo reclama
a medias. Fulge el broche de oro en su cerebro,
desplaza al sol extinto,
toma forma –el escriba cierra los ojos- de
(un moscardón contra el cristal) esquila.

Un rebaño invisible y su tañido escoge
entre símbolos varios del silencio; e invoca:
«Mi palabra no manche intervalos de ramas
Y de plumas: no suene.» Terminar el poema.

Cuarzo, 1988.


María Antonia Ortega

S/T, de Alfonso Sucasas

La poesía de María Antonia Ortega (Madrid, 1954) huye de las modas poéticas y se propone la búsqueda de un mestizaje cultural y el reconocimiento de los valores de la marginalidad, dentro de la cual se está gestando un lenguaje nuevo.

UN VERDADERO POETA…

Un verdadero poeta habría de quedarse escribiendo siempre en su habitación, porque si sale de ella es capaz de destruir el mundo.

El balido de la oveja negra, 1994.

EL LENGUAJE ES EL SUEÑO…

El lenguaje es el sueño más hermoso del hombre, pero también el más inalcanzable. Hablar es soñar.
Pues la palabra pájaro, ¿acaso no vuela más alto que el pájaro?
Y la palabra manzana, ¿no brilla más que el fruto?
Y las rosas amarillas no florecen al mismo tiempo en mis labios que en mi jardín.

La pobreza dorada, 2003.

HAY UN IMPULSO…

Hay un impulso que es como el deseo de vivir, que nace de la vida y es para la vida. Pero existen criaturas crepusculares cuya meta es la imaginación extrema, que nos acercan a la muerte y llenan de intensidad.
Has hecho muy bien aceptando la vida, pero recuerda que la intensidad es el don y la belleza de la muerte.
Decir por primera vez que el poeta está hecho para la muerte, es decir para el presente, para enjoyar y adornar, celebrar nuestra carne mortal con hoja caduca, por ser más bella en otoño que el laurel; abrazar todo lo que es perecedero precisamente por tener el privilegio de ser fugaz, como el color de las hojas en noviembre.
Coronar nuestra carne mortal, envolverla con el olor de los parques en Otoño, es el único mérito del poeta.

La pobreza dorada, 2003.


Juan Antonio González Iglesias

Desnudo, de Toni Catany

Juan Antonio González Iglesias (Salamanca, 1964) concibe la poesía como “la zona de libertad del lenguaje” y al poeta como “alguien que dice verdades elementales”. Doctor en filología clásica y traductor de Ovidio, Horacio y Catulo, en sus versos se percibe una profunda huella humanística.

ESTO ES MI CUERPO

Esto es mi cuerpo. Aquí
coinciden el lenguaje y el amor.
La suma de las líneas
que he escrito ha dibujado
no mi rostro, sino algo más humilde:
mi cuerpo. Esto que tocas es mi cuerpo.
Otro lo dijo
mejor. Esto que tocas
no es un libro, es un hombre.
Yo añado que esto que te toca ahora
es un hombre.
Soy yo, porque no hay
ni una sola sílaba que esté libre de amor,
no hay ni una sola sílaba
que no sea un centímetro
cuadrado de mi piel.
En el poema soy acariciable
no menos que en la noche, cuando tiendo
mi sueño paralelo al sueño que amo.
No mosaico, ni número, ni suma.
No sólo eso.
Esto es una entrega. Soy pequeño
y grande entre tus manos.
Ésta es mi salvación. Éste soy yo.

Este rumor del mundo es el amor.

Esto es mi cuerpo, 1997.


Juan López-Carrillo

Sin título, de Nuria Armengol

La poesía del tarraconense Juan López-Carrillo (1960) recurre al humor, al distanciamiento irónico, para retratar una cotidianeidad hecha de soledades y pequeñas derrotas.

VIDA INSALUBRE

No me extraña nada
que en el comedio de la vida
parezcas mucho mayor.
Creyéndote el papel de artista
y su agotadora capacidad de vivir,
no ves que lo que te falta
son horas de descanso,
deportes, vacaciones, fibra,
sosiego, vitaminas, dormir.
Todo lo que aviva el cuerpo,
pero deja arrugado al poeta,
una existencia sana y tranquila
y una dieta natural y equilibrada.

Los años vencidos, 1997.