Categoría: Otras literaturas

John Donne

Frances Teresa Stuart, Duquesa de Richmond y Lennox, de Sir Peter Lely

Las canciones y sonetos amorosos del inglés John Donne (1572-1631) conjugan la tradición literaria con un punto de vista personal, sensual y cínico.

TRES VECES TONTO

Sé que soy dos veces tonto,
por amar, y por decirlo
en poesía quejumbrosa.
Pero ¿dónde está ese sabio, que no podría ser yo,
si ella no me rehusara?
Así, como las vías interiores, tortuosas,
purgan el agua del mar de la corrosiva sal,
pensé que si alejar conseguía mis pesares
por la inoportuna rima, los aliviaría.
El pesar, cuando al metro se reduce, no puede ser tan agudo
pues, si verso se encadena, se somete.

Mas, cuando eso está hecho, alguien,
por mostrar su arte y su voz,
mi dolor compone y canta,
y, mientras a otros deleita, de nuevo
el dolor libera, que los versos contenían.
Al amor corresponde el tributo del verso, y al dolor,
pero no el de aquel que cuando es leído agrada.
Ambos por estas canciones se incrementan:
pues así son los triunfos de ambos difundidos.
Y yo, que dos veces tonto era, paso así a serlo tres,
pues son los mejores tontos los que un poco sabios son.

Traducción de purificación Ribes.


Ana Cristina Cesar

Catalina, de María Gato

Los poemas de Ana Cristina Cesar (Brasil, 1952-1983) empiezan y terminan in media res, sin resolver la tensión que instauran, como si lo único que importara fuera dinamitar el sentido.

MIRO MUCHO TIEMPO EL CUERPO DE UN POEMA…

miro mucho tiempo el cuerpo de un poema
hasta perder de vista lo que no sea cuerpo
y sentir separado entre los dientes
un hilo de sangre en las encías

Escenas de abril, 1979. Traducción de Teresa Arijón y Sandra Almeida.


Valeri Briúsov

Helada, de Natalia Goncharova

El moscovita Valeri Yákovlevich Briúsov (1873-1924), traductor de Verlaine, es una de las máximas figuras del simbolismo ruso. Entre 1922 y 1924 publicó algunos poemas futuristas.

YO

Mi espíritu no sucumbió al enfrentado caos,
ni agotaron mi razón fatales conjunciones.
No hay sueño o lengua que no me sean caros.
Pues canto en honor de todos nuestros dioses.

Yo elevé a Hécate, a Astarté la voz de mi clamor,
Cual sacerdote, ofrecí sangrientos sacrificios.
Loé, más que la muerte poderosa, al amor.
Y humillado me postré al pie del crucifijo.

Jardines de Liceos, Academias frecuenté
y en cera recogí los juicios de los sabios.
Como primer alumno, a todos contenté
pero del verbo el arte solo he adorado.

En isla de Quimera, entre estatuas y cantos,
sendas hallé de luz y de tinieblas;
ora amé las más carnales y brillantes,
ora temblé ante las sombras ciegas.

Y me enamoré del enfrentado caos,
y ávido busqué fatales conjunciones.
Pues sueño o lengua no hay que no me sean caros.
Y canto en honor de todos nuestros dioses…

Traducción de Ricardo San Vicente.


Giacomo Leopardi

Muchacha melancólica, de Francesco Hayez

La poesía de Giacomo Leopardi (1798-1837), figura mayor del romanticismo italiano, se caracteriza por un profundo pesimismo, unido a una exquisita sensibilidad y a una notable perfección formal.

PASATIEMPO

Cuando muchacho vine
a entrar en disciplina con las Musas,
una de ellas cogiome de la mano
y durante aquel día
en torno me condujo
para ver su oficina.
Me mostró uno por uno
los útiles del arte,
y el distinto servicio
a que cada uno de ellos
se emplea en el trabajo
de la prosa y el verso.
Yo los miraba, y dije:
«Musa, ¿y la lima?» Y contestó la diosa:
«La lima se gastó; ya no la usamos.»
Y yo: «Mas rehacerla
es preciso, ya que es tan necesaria.»
Y contestó: «Así es, mas falta tiempo.»

Cantos, 1835. Traducción de Diego Navarro.


Gérard de Nerval

Las sombras de Francesca de Rimini y de Paolo Malatesta ante Dante y Virgilio, de Ary Scheffer

El poeta romántico francés Gérard de Nerval (1808-1855) se adelanta a la teoría simbolista de las correspondencias, desarrollada por Baudelaire, en este soneto pitagórico y pagano.

VERSOS DORADOS

¡Y qué! Todo es sensible.
PITÁGORAS

¡Libre pensador, hombre! ¿Te crees que tú solo
piensas, cuando la vida brota de cuanto existe?
Tu libertad dispone de la fuerza que exhibes,
mas todos tus consejos los desconoce el cosmos.

En el bruto respeta un aliento hacedor:
cada flor es un alma que se abre a la Natura;
un misterio de amor en el metal se oculta;
«¡todo es sensible!» Y todo te impone su vigor.

Teme, en el muro ciego, el ojo que te espía:
incluso a la materia un verbo le procuran…
¡No la dediques nunca a una práctica impía!

A menudo en el ser oscuro un Dios se oculta,
y cual ojo que bajo los párpados germina,
un ser puro en la costra de las piedras madura.

El Artista, 1845. Traducción de Rosa de Diego