Categoría: VII) Posguerra

María Elvira Lacaci

Muchacha de espaldas, de Carmen Laffón

La coruñesa María Elvira Lacaci (1928-1997) es una de las voces más auténticas de la poesía social de posguerra. Su profunda religiosidad la llevó a interesarse por los más débiles. Su lenguaje es sencillo, poco elaborado, como conviene a una poesía más preocupada por los valores humanos que los literarios.

LA PALABRA

Yo te quiero sencilla. Acaso pobre.
A veces,
vas a brotarme de organdí vestida (sin querer
me florece el lenguaje de otros seres).
Con amor te desnudo.
Quedas como mi carne.
Como mi corazón y sus latidos.

A menudo,
igual que los pequeños
ante una tienda de juguetería,
pego la cara
a las brillantes lunas
donde se venden las palabras bellas.
Las admiro.
A otros les sientan bien. Si me las colocara…
Las aparto al momento
porque a mí no me sientan.

Y de nuevo voy cogiendo brazados de palabras
entre la hierba fresca
y bajo el cielo.

Al este de la ciudad, 1963.


Vicente Gaos

Sin título, de Luis Arcas Brauner

Vicente Gaos (Valencia, 1919-1980), poeta desarraigado y magnífico sonetista, centró su poesía en la angustia de vivir, la presencia de la muerte y el diálogo con Dios. También, en la experiencia amorosa y en la conciencia social.

TÚ ERES TÚ

Pues tú eres tú…
J.R.J.

No te merezco, no. Yo canto, canto,
y te quiero, te quiero, sí, te quiero,
y sólo por ti vivo y por ti muero,
y sé que hasta tu cima me levanto.

Pero no es en tu cima en donde canto,
sino en el valle en que me desespero
de no poder vivir siempre señero,
y callar, callar sólo, amarte tanto…

Oh bajo y pobre mundo, limitado
poder de la expresión, oh lengua mía.
En cambio tu mirada, qué logrado

silencio y poderosa luz del día.
Tú me devuelves más que yo te he dado,
pues tú eres tú, yo sólo mi poesía.

Arcángel de mi noche, 1939-1943.


Manuel Mantero

Las torres, de Ángel Orcajo

Manuel Mantero (Sevilla, 1930) es un poeta singular dentro de la promoción de los 50 por su alejamiento de la tendencia realista y urbana, predominante en ésta. Su poesía, simbolista y metafísica, de gran perfección rítmica y formal, gira en torno al problema del destino humano.

LA QUEJA QUERIDA

Poeta. Es decir, náufrago que grita,
que quiere sacudirse la tristeza
de su isla desierta y exquisita,
cuando la muerte a rodearlo empieza.

Su queja, cada día, arroja escrita
al mar: botella verde, uña, corteza.
Cada día, iza al cielo una infinita
bandera roja que arde en la maleza.

Y si algún transatlántico de espanto
sorprende su mensaje de humo y llanto,
es inútil la búsqueda, el viaje.

La expedición arribará a la playa
y el poeta, en su cueva más salvaje,
esperará de nuevo a que se vaya.

Mínimas del ciprés y los labios, 1958.


Francisca Aguirre

Mujeres en diálogo, de Antonio López García

Francisca Aguirre (Alicante, 1930-2019) contribuyó, con el resto de los poetas de la generación del 50, a superar los límites de la poesía social, mediante la recuperación de la experiencia personal y los acontecimientos de la vida cotidiana. El reflejo de inquietudes existenciales, la variedad de registros y la cuidada musicalidad caracterizan su poesía.

OFICIO DE TINIEBLAS

A Félix

Este oficio, Dios mío, tan precario
de ir conjuntando la mirada y el verbo,
este oficio tan de tanteo, tan de sombras
que persiguen la luz como un ahogado,
este oficio de vísceras que ignoran
y sin embargo sienten,
esta revolución de trogloditas
en busca de la unidad tribal,
Dios mío, qué osadía tan irremediable,
qué desatino necesario
éste de transmitir la vida boca a boca,
de defender al árbol como a un hombre
y defender al hombre como a un planeta,
como a un astro del que depende
el equilibrio de la constelación,

Señor,
y defenderlo con onomatopeyas,

con sílabas, palabras.
Palabras nada más, ayes, quejidos.
Qué oficio, hermanos míos, qué tarea.
Qué oficio tan humilde y ambicioso,
qué meta inalcanzable,
qué hermoso oficio
para dejarse en él la vida entera.

Los trescientos escalones, 1977.

IMPOTENCIAS

No sabéis lo que me gustaría
ser capaz de crear metáforas
como lo hicieron los surrealistas.
Lo que daría por poder decir
que el corazón es un cangrejo con alas
que va y viene a su antojo
siempre que la luna esté en cuarto creciente.
De verdad que me gustaría muchísimo
pero lo cierto es que a mí el corazón
cada día me pesa más me pesa tanto
que no hay quien lo mueva.
Qué mas quisiera yo
que poder sacarlo a pasear un rato al sol
decirle que se quede tranquilo que todo marcha.
Pero no hay forma. El puto corazón
está ya de vuelta de todo
hasta de las metáforas. Y me dice que no
que ya no hay marcha atrás
que hemos ido de caos en caos
y que así no hay quien viva.

Y que a estas alturas
no está ya para metáforas.

Historia de una anatomía, 2010.


Jaime Gil de Biedma

Pierrot y Colombina, de Manuel Ruiz Pipó

La poesía de Jaime Gil de Biedma (Barcelona 1929-1990) se centra en el conflicto entre ética personal y realidad social, en la construcción de la propia identidad, en el paso del tiempo y en el amor.

ARTE POÉTICA

La nostalgia del sol en los terrados,
en el muro color paloma de cemento
–sin embargo tan vívido– y el frío
repentino que casi sobrecoge.

La dulzura, el calor de los labios a solas
en medio de la calle familiar
igual que un gran salón, donde acudieran
multitudes lejanas como seres queridos.

Y sobre todo el vértigo del tiempo,
el gran boquete abriéndose hacia dentro del alma
mientras arriba sobrenadan promesas
que desmayan, lo mismo que si espumas.

Es sin duda el momento de pensar
que el hecho de estar vivo exige algo,
acaso heroicidades –o basta, simplemente,
alguna humilde cosa común

cuya corteza de materia terrestre
tratar entre los dedos, con un poco de fe?
Palabras, por ejemplo.
Palabras de familia gastadas tibiamente.

Compañeros de viaje, 1959.