Categoría: Literatura colombiana

Gonzalo Márquez Cristo

Bodegón, de Gerardo Caro

Al colombiano Gonzalo Márquez Cristo (1963) le interesa la poesía como indagación filosófica, la palabra poética como símbolo agudo que profundiza en las preguntas esenciales del hombre.

LAS PALABRAS PERDIDAS

Alguien descifra la escritura de la lluvia y sin embargo no puede escapar.

Un alud de imágenes nos extravía la palabra; acudimos al grito y al llanto, a veces a la indiferencia, pero sabemos que necesitamos de la guerra para ser inocentes.

Todo lo ha ofrendado la ceniza.

Desde que desterramos a la noche desaparecieron las más profundas alianzas y nuestros perseguidores pueden encontrarnos.

Una herida siempre recuerda la vida, todo nacimiento procede de su túnel. Un árbol arde en nuestros ojos de agua.

La verdad –es decir lo prohibido– impone su reino de terror… y hemos decidido habitarlo con las manos entrelazadas.

Creímos que la poesía nos enseñaría a morir…

Persistimos… Con frecuencia hacemos la extraña sonrisa del miedo. Si huimos, la soledad convertirá a alguien en víctima. Por eso la palabra se pasa de mano en mano para construir una morada invisible.

A veces para sobrevivir renunciamos al conocimiento.

Y cuando todos duermen, escribimos… Pero un poema es el fósil de un sueño, el cadáver de un dios…

¿Aún podremos salvarnos?

La palabra liberada, 2001.


Rogelio Echavarría

Retrato de mi hijo Sergio, de Samuel Muñoz

Rogelio Echavarría (Colombia, 1926) es uno de los precursores de una vertiente de la poesía colombiana que incorpora la realidad cotidiana y la autobiografía al poema con un lenguaje coloquial.

LUGAR COMÚN

Ya que no todos podemos ser
poetas
comprender lo sublime
o exaltar lo sencillo
hablemos francamente
confesemos nuestro fracaso
de hombres sin alas
de hojas muertas en el estío
nuestros empeños ciegos
sin metáforas vanas
nuestra identificación con todos
o con casi todos
y si alguien nos entiende
y fecunda nuestra impotencia
eso también es poesía
o por lo menos una gota
en la sed del infierno
cotidiano.

El transeúnte, 1947-2003.


León de Greiff

Alrededores de Egipto, de Fídolo Alfonso González Camargo

León de Greiff (Colombia, 1895-1976) es uno de los más exquisitos poetas colombianos. Cantó en versos musicales y herméticos los nostálgicos y elegíacos motivos de su ensimismada intimidad.

TERGIVERSACIONES

Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa
dicen que soy poeta…, cuando no porque iluso
suelo rimar –en verso de contorno difuso–
mi viaje byroniano por las vegas del Zipa…,

tal un ventripotente agrómena de jipa
a quien por un capricho de su caletre obtuso
se le antoja fingirse paraísos… al uso
de alucinado Poe que el alcohol destripa!,

de Baudelaire diabólico, de angelical Verlaine,
de Arthur Rimbaud malévolo, de sensorial Rubén,
y en fin… hasta del Padre Victor Hugo omnipotente…!

¡Y tanta tierra inútil por escasez de músculos!
¡tanta industria novísima! ¡tanto almacén enorme!
Pero es tan bello ver fugarse los crepúsculos…

Tergiversaciones, 1925.


Guillermo Valencia

Desnudo, de Luis Eduardo Vieco

Según Anderson Imbert, Guillermo Valencia (Colombia, 1873-1943) escribió “con corazón romántico, ojos de parnasiano y oído de simbolista”. El eje temático de su poesía es la lucha entre la carne y el espíritu, el vicio y la virtud, la concepción pagana de la vida y los valores perdurables del cristianismo.

CANCIÓN

En mi verso de miel
he cantado la hiel de la ausencia.
¡Oh ardid de la crüel que secó mi existencia!

En rubio hilo de oro
engarzo el verso ahora, labrado con primor;
y con vigor tranquilo canto cosas de amor.

Jardines perfumados de rosas
y gacelas de ojos negros, y undosas
sedas de las gacelas.

La crüel fue jardín de mi pasión. Su rostro
rosas de ese jardín, y las combas nevosas
de sus senos,
sus deleitosas peras, sus granadas sabrosas.
Sus formas de jazmín eran panales llenos.

De hoy más quiero vivir entre vírgenes tiernas,
mirar la móvil gracia de sus piernas,
flexibles como ramas de frescor matinal;
vivir entre beldades
intactas como perlas que tiñó el coral.

Al son de unos süaves laúdes, pronto el labio
a la colmada copa que da el escanciador;
y olvidar el dolor, tendido en las praderas morosas,
entre rosas
de negligente olor.
Y aspirar los sutiles aromas de la carne fugaz;
saborear la esquiva saliva de los labios en flor
con besos
de mimo ardiente y puro
prefiriendo los gruesos
labios, los de color oscuro.
Y mis ojos cansados reposarán en su mirar;
y en su jardín sin par
la aurora
nos hallará sentados juntos al agua canora
que fluye sin cesar.

Catay, 1929.


Gerardo Valencia

Diálogo, de Ignacio Gómez Jamarillo

En la poesía del colombiano Gerardo Valencia (1911-1994), miembro del grupo poético Piedra y Cielo, la sencillez de la belleza armoniza con la profundidad vital.

POESÍA

Amigo, no desdeñes
la humilde poesía,
que en tallo más débil
hay una flor erguida
y en las alas más tenues
puede volar la vida.

Amigo, no destruyas
la oculta poesía,
que en la hierba que pisas
está brillando el día
y en los árboles secos
hay un arpa escondida.

Amigo, no te empeñes
en la palabra esquiva,
que el vocablo más dulce
puede ser la mentira
y en la voz del silencio
está la poesía.

Amigo, no lamentes
la ausente poesía,
que ella está en la añoranza
de la ilusión perdida
y es nueva en la ternura
del amor que se olvida.

Amigo, no te embriagues
de falsa poesía,
que es el agua sencilla
para la sed bebida
y en la luz de un instante
puede estar la alegría.

Amigo, busca siempre
la muda poesía,
la que no tiene forma
para verter su esencia
y que sin tú saberlo
en ti mismo se anida.

El sueño de las formas, 1981.