Categoría: Literatura española

Manuel Gahete

Dos soledades, de Julia Hidalgo

El cordobés Manuel Gahete (1957) escribe en torno al amor, sentimiento en el que halla una mezcla de dolor y placer, de urgencia y locura, de felicidad e incertidumbre. Su lenguaje culto, selecto, barroco, es de una gran hermosura.

OFICIO DE ESCRIBIR

Escribo ser como si escribo nada,
con la sangre apretada por un puño
creciendo sobre el hueco de la carne.

Escribo amor como si escribo lluvia
para saberme vivo y que tú existes
en el húmedo adiós del horizonte.

Escribo paz como si escribo llanto,
sé que la sed del labio no contiene
tanto dolor de un hombre a la deriva.

Escribo Dios como si escribo muerte
para saberme aquí, que no estoy solo,
que funde el mar mi voz en lo infinito.

El legado de arcilla, 2004.


Ramón de Garciasol

Éxodo, de Javier Clavo

Para Ramón de Garciasol (Guadalajara, 1913-1994), “el poeta es una expresión de su tiempo, de su mundo, y el poema un dictado de los mismos, muchas veces contra su voluntad, porque tiene que abandonar las rosas, lo consolador”. Su poesía, crítica, desarraigada, es solidaria con “los que viven por sus manos”.

¡SI PUDIERA CALLAR!

¡Si pudiera callar! Pero no puedo,
pero no querré nunca. Mira: lucen
sangre las sienes; al hablar traducen
sangre por la palabra. Con denuedo

hablaré con su lengua, con la mía,
en el coro de heridos graves. ¡Cómo
llevan razón, levantan sobre el plomo
de las alas la nueva melodía!

No me puedo callar ya más. No vale
para imponer silencio el latigazo
que me cruza la boca. Se alza, sale

la luz, tu luz, su luz, la luz de tanto
como escupiera sangre. Por mi brazo
mis venas llevan ríos con su llanto.

La madre, 1958.


Gutierre de Cetina

Mujer desconocida, de Alonso Sánchez Coello

Gutierre de Cetina (h. 1514-h. 1554), poeta del Renacimiento español, escribió bajo la influencia de Ausías March, Petrarca y otros escritores italianos. El tema de la mirada y la belleza de los ojos le procuró algunas de sus composiciones más famosas.

ALMA DEL ALMA MÍA, ARDOR MÁS VIVO…

Alma del alma mía, ardor más vivo,
extremo de beldad única y rara,
ejemplo de valor por quien tan cara
la vida me es, de que antes era esquivo.

Fuera el decir cómo el concepto altivo
¡oh mi musa cruel!, menos avara
viérades, si en el mundo se os mostrara
cuanto de vos dentro del alma escribo.

Mas, ¿qué puedo hacer si amor me inspira?:
cantar vuestro valor alto y divino
al son desta vulgar, rústica lira.

No saber más mis versos de un camino:
esto me dicta aquél que a amar me tira,
por pensada elección, no por destino.


Acacia Uceta

Paisaje con cráter, de Francisco Arias

Acacia Uceta (Madrid, 1925-2003) destacó entre los poetas de la memoria histórica, solidarios con los más humildes, comprometidos con la vida, con el amor al trabajo, la belleza, la paz y la justicia.

POR EL HOMBRE

Voy a cantar al hombre,
al hombre sólo.
Tapaos los oídos con cera los cobardes,
volved la espalda los indiferentes:
no callaré por eso.
No podría callar aunque me echaseis
un puñado de rosas a los ojos.
Imposible es hallar cumbre o crepúsculo
que arrasar no quisiera
por levantar del polvo a un desvalido.
Apagaría todos los luceros
por devolver a un ciego la mirada,
a un triste la esperanza,
o simplemente
por llevar un minuto de alegría
al ser más humillado de la tierra.
Sólo el hombre me importa,
sólo el hombre:
su vacío infinito,
su valentía y su temor trenzados,
su alma interrogante
azotada de siempre por la duda,
atada a una cadena de preguntas
sin posible respuesta;
su postura intermedia
entre la Nada y Dios
y su impotencia
para negar el pecho a la tristeza.
Tan sólo por el hombre,
por nosotros, hermanos, los pensantes,
los desvelados y los oprimidos,
seguiré golpeando y golpeando
en la hermética puerta clausurada;
seguiré suplicando
desde todas las voces ignoradas,
desde todos los nombres conocidos,
por los que han de venir y los que fueron,
por los niños enfermos,
por los soldados muertos,
por los muertos en el comienzo mismo de la vida,
por los triunfantes y los ajusticiados
de todas las prisiones de la tierra,
por el hombre de siempre
con su destino oscuro
abierto a los confines
lo mismo que una cruz irrevocable,
por su infancia marchita,
ensuciada por todos
sin compasión alguna a su pureza;
por su alocada juventud vencida
a golpes de renuncia y de fracaso,
por su vejez de plomo
vertiendo como alero
su mínimo caudal en el vacío…
Por esta sucesión interminable
de pasos vacilantes monte arriba,
por esta des de altura
de la que siempre fuimos rechazados,
por esta sumisión agradecida
hasta el límite mismo de la muerte,
yo vuelvo a alzar mi ruego
y vuelvo a alzar mi canto
en millones de voces repetido.
Y hablo otra vez del hombre,
de nosotros, hermanos,
en un plural abierto
sin frontera de tiempo ni de raza.
Y ahora que el ademán es aún pujante
sobre esta tierra dura que me aguarda
y bajo estas estrellas que me ignoran,
me descubro la herida,
la herida mía y nuestra,
tan vieja y tan dolida como el mundo,
a ver si la ve Dios, a ver si existe
una gota de gracia que la cure.

Frente a un muro de cal abrasadora, 1967.


Jenaro Talens

Espiral, de Mateo Vilagrasa

La poesía de Jenaro Talens (Tarifa, Cádiz, 1946), destacado miembro de la promoción poética de los 70, indaga en el conocimiento de la realidad, a través de la reflexión sobre la propia poesía y del proceso creativo, y más tarde, a través de la vivencia existencial y el pulso de la emoción.

ARS POETICA

Chercher humblement à faire plaisir?
Los cuerpos que transmigro incoloran mi piel.
Es el estrago de una primavera
que yo decido primavera.
Y silenciosamente,
cómplice en el lugar del agujero,
muere el fantasma de Platón,
la metáfora del barco inscrito en el atardecer.
Mis ojos instrumentan
una mirada umbilical. El aire de la noche
genera aullidos, sueños del deseo
disolviéndose en torno a algunos pájaros
como si nieve móvil. Una música
que traspasa las grietas, su mensaje.
Transferir superficies constituye
la imagen aparente del objeto. Más allá
de su barbarie y su abstracción el labio magnifica
mi volumen. Así
la sucesión me engendra, me acumula. Un eco que produce
otros ecos, la historia, el hilo indestructible
que nada usurpa ni rehúsa: excede,
como la arena el pairo de las olas.

Taller, 1973.