
Abelardo Linares (Sevilla, 1952) gusta de la evocación sensual y emocionada del encuentro amoroso en versos musicales. Plasticidad, sugerencia y misterio son rasgos característicos de una poesía heredera en gran parte del modernismo.
EL ENGAÑO
(La poesía)
Creí que era por juego por lo que se entregaba,
que ella misma era un juego hermoso y divertido,
que de verdad era mía sin pedir nada a cambio.
Lejos mi adolescencia y aquel deslumbramiento.
Ahora conozco al fin su frialdad y su orgullo,
su hastío y su miseria. Ha arrojado su máscara.
Lo que exige es mi vida, eso me pide a cambio,
mi vida en cada verso. Y no se saciará
por mucho que le ofrezca de mí mismo pues sabe
su poder sobre mí. Hasta la extenuación
querrá ser poseída y poseerme. No, no era un juego.
Sombras, 1986.



