Leopoldo Marechal

Desnudo, de Alfredo Bigatti

Para Leopoldo Marechal (Argentina, 1900-1970), “la poesía es el idioma natural de lo metafísico”. Lo lírico y lo trascendente se hermanan en sus versos, caracterizados también por el uso de símbolos de gran eficacia plástica y la perfección formal.

INTRODUCCIÓN A LA ODA

Varón callado y hembra silenciosa
me dieron la privanza de la tierra:
El último yo soy, y el que despunta.

Los hombres de mi sangre cosechaban el mar,
pero no levantaron la canción entre peces:
Junto al mar el silencio
fue sudor de sus años,
estela de sus naves
y aroma de sus muertes;
porque el silencio entonces era un gran corazón
que no debe partirse.
El Primero y el Último es mi nombre:
el último callado
y el primero que suena.

En el día sin lanzas, amasé mi canción
con un barro durable.
Se habían pronunciado las palabras:
“Toda canción es flecha de destierro”.
Y en el día sin lanzas
por encima del hombro
disparé mi canción.
Fructificaba el árbol con altura de árbol
y al sol el buey mugía
con altura de buey;
pero mi voz, ¡oh, duelol, era más alta
que mi altura de hombre.

Y la muerte del árbol
estaba más distante que la muerte del buey;
pero mi muerte ya era un fuego vivo
y era mi canto el humo de mi muerte.

(Esta canción tiene los pies de niño
y el corazón del hombre:
pie que gira en el baile de la hoguera,
corazón que redobla
en la danza del humo.)

¡Qué bien pesaban en la tierra el árbol
y el hombre y sus pacientes animales!
La longitud era canción,
la latitud era canción
y era canción la altura.

Tres canciones atadas
componían el mundo
y al hombre y sus pacientes animales.
¡Oh, geometría en todo su verdor!
¡Oh, fuertes ataduras en el día sin lanzas!

Pero mi voz crecía
por sobre mi cabeza
y un nudo se soltaba en mi canción.

Odas para el hombre y la mujer, 1923.


José Jorge Letria

Tradición III, de Luzia Lage

La poesía del portugués José Jorge Letria (1951) va de la canción política a la poesía reflexiva, con desencantadas referencias personales.

SE ESCRIBE PARA EL DESDÉN

Se escribe para el desdén, para el vacío,
esperando un día, que puede ser el siguiente,
en que alguien dirá: valió la pena.
Se cuentan a través del techo, se cuentan los versos
del enamoramiento y de la guerra,
se cuentan las islas y las pasiones
y sobre todo se intenta escribir, crédulamente,
con la inocencia de quien descubre petróleo
en una maceta de hierbabuena y sigue adelante,
indiferente a la riqueza y a la posesión. Se escribe
para el desprecio de los que aman otra escritura
y se enredan en ella como las prostitutas
en la bajeza de las camas del lucro garantizado.
Se escribe para no ser leído, para la muerte,
para la ironía de los que dicen: tampoco
era mal poeta, pero escribió demasiado.
Se escribe para el bandolín y para la quimera,
para la queja y para los celos, para después
de la muerte, pluma apuntada a los sesos, a la espera
de que alguien se levante y diga: aprendí
a gustar de la poesía leyendo su silencio,
saboreando su dolor. Se escribe para
gustar de la aventura, como en la prosa de Salgari;
con miedo de que un crítico llegue y diga:
está fuera del canon, cede a la facilidad.
Se escribe para no tener poder, para la nada,
rostro caído sobre la página de adoración de los sonidos.
Se escribe burlescamente, con los ojos puestos
en personajes que se confunden con el musgo
de las casas alucinadas por el tedio. Se escribe,
siempre se escribe para el desdén,
para fingir las voces que prometen
la gloria en la miseria de los libros. Se escribe
para el alma que se queda, mucho después
de que dejemos de escribir, de vivir
estúpidamente en la soledad de lo que escribimos.
Y puede ser que otro día,
al día siguiente, alguien abra el libro,
la gaveta, la caja de los miedos, sonámbulo:
estuvo aquí un poeta, noto su olor,
la forma, el alborozo de la ausencia, la rabia,
la desesperación de no querer partir.
Mucho respeto, que aquí vivió un poeta,
en la más peligrosa curva de las palabras
que matan, liberan y rescatan. Fin.

Los mares interiores, 2001. Traducción de Jordi Virallonga.


Eliseo Diego

Juego, de Mariano Rodríguez

La poesía del cubano Eliseo Diego (1920-1994), miembro del grupo Orígenes, se caracteriza por la sencillez y pureza con que ilumina lo cotidiano. La búsqueda del esplendor de la infancia, perdida irremediablemente, es uno de los temas nucleares de su obra.

NO ES MÁS

por selva oscura

Un poema no es más
que una conversación en la penumbra
del horno viejo, cuando ya
todos se han ido, y cruje
afuera el hondo bosque; un poema

no es más que unas palabras
que uno ha querido, y cambian
de sitio con el tiempo, y ya
no son más que una mancha, una
esperanza indecible;

un poema no es más
que la felicidad, que una conversación
en la penumbra, que todo
cuanto se ha ido, y ya
es silencio.

El oscuro esplendor, 1966.


Guillermo Carnero

Arielle sobre fondo azul, de Manolo Valdés

Guillermo Carnero (Valencia, 1947) es uno de los más importantes poetas culturalistas de la generación de los novísimos. En sus poemas pretende “alimentar la imaginación, interesar a las pasiones y los movimientos del corazón y dejar siempre un aire de sugerencia”.

EL SUEÑO DE ESCIPIÓN

I

Preguntado Laforgue por el ser del poema:
«Ni moi ni mon art, Monsieur».
Lo que supone,
igual que sus sarcasmos sobre el claro de luna
hace superflua la charla de Polonio
exacto sobre el Príncipe (Though this be madness
there is method in it).
No erraba el cadencista
aun incurriendo en etopeyas fáciles
de Pierrot, y el recurso
es más preciso que Bison Ravi1
apuntando al azar: «A mort le pléonasme»2.
La poesía cuesta lo mismo que el amor
un breve repertorio, y el arma del intérprete
es el oficio de aventajar la glosa.
Así pues, contemplando
algo convencional y en apariencia plano,
horizontal, yacente y en nada apelatorio
como una singular vinculación erótica
resultan por el arte las múltiples lecturas
y no una, previsible, con sus habituales
requerimientos: la común terneza,
la satiriasis, abstracción del tiempo,
antecedentes y consecuentes, como el anfiteatro,
sino una vasta gama por lo vario del signo
siendo vivir un modo de escritura
secuencia del problema literario
de inescribir lo escrito.
A mort le pléonasme.

II

El poema procede de la realidad
por vía de violencia; realidad viene a ser
visualizar un caos desde una perspectiva
que el poeta preside desde el punto de fuga.
Grandeza del poema, la del héroe trágico;
un modo de atentar contra el método empírico
desde su misma entraña, como aquel poseído
ofendía la ley desde el sometimiento.
Poema es una hipótesis sobre el amor escrito
por el mismo poema, y si la vida
es fuente del poema, como sabemos todos,
entre ambos modos de escritura
no hay corrección posible: como puede observarse
no nos movemos en un círculo
para gloria del arte
y sin embargo evítese
tal conclusión en práctica:
la palabra en perjuicio de la tragedia íntima
lo mismo que su opuesto;
¿qu’adviendrait-il alors
de cette absence de mystère? 3

III

Indignaban a Pico
los pulcros paradigmas de Careggi,
que la inteligencia, la vista y el oído
son los únicos medios de gozar la belleza
y existe por lo tanto una triple beldad
o que la belleza de un cuerpo es su simetría
de donde amor no exige más cosa que templanza
y buen gusto4.
De ahí
su bien lograda máxima: No hay belleza en un dios.
Y procediendo por analogía,
que es el modo de ser de este parágrafo,
resulta (véase el resto del poema):
Et vous et votre art, Monsieur. No hay belleza en un dios.

1 Anagrama usual de Boris Vian.
2 En avant la zizique et par ici les gros sous, Cap. III.
3 Mallarmé: L’art pour tous.
4 Traduzco libremente parte del discurso de Giovanni Cavalcanti en el Comentario al banquete de Platón, de Marsilio Ficino.

El sueño de Escipión, 1971.


Fernando Charry Lara

Desnudo, de Enrique Grau

Fernando Charry Lara (1920-2004) fue uno de los primeros poetas colombianos en incursionar en el surrealismo. En sus versos conjuga sabiamente lirismo y erotismo.

EL VERSO LLEGA DE LA NOCHE

En la ciudad de bruma la fiesta
De las noches es un bosque
De cabelleras oscuras y de estrellas.

Turbándome con sus pálidos dedos de rocío
Copio entre los amantes sorpresivas palabras,
Su silencio enloquece las plazas solitarias,
Las calles, los ámbitos callados
Por donde pasa el aire misterioso de siempre.

Es el rumor, las alas
Como al anochecer la sombra
De una cabellera en las manos.
Es el rumor vagando entre vientos,
Entre lúgubres vientos
En que sollozan luces
Y espejos de la ciudad nocturna.

Es el rumor, las sílabas
Que nacen y llevan una canción
Al corazón que sueña,
Una canción, las sílabas
Creciendo en medio de la niebla
O tal flor desnuda bajo la lluvia.
(Nunca hemos amado tanto, nadie
Sabrá decir que hemos amado tanto
En una noche.
En nuestro corazón resuenan los horizontes
Y resuena también la vecindad de la tierra.)

El verso silencioso fue en la noche,
El verso claro fue el instinto
Bajo ruda corteza o piel amarga.
El verso, palabras ceñían los cuerpos
Delgados de las mujeres,
Sus claros cuerpos bajo la luna
Suspendidos en la música,
Sílabas ceñían sus cuerpos
Como voces ardientes, como llamas.

En un árbol de lluvia que gime al viento
Sus canciones,
Sube la sangre en río sollozando ligera
Y soporto encendida la tristeza de un grito
Largamente tendido en medio de la noche.

De la noche sedienta, de la innúmera noche,
De la noche que guarda
Los deseos como sombras,
De las dolorosas, mudas sombras amadas,
Sombras de los deseos,
Sombras de un antiguo amargo silencio.
Amargo, sí, errante silencio en que no queda
Sino el poema en la noche,
Como recuerdo herido por el filo de un beso.

Nocturnos y otros sueños, 1949.