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Álvaro Valverde

Velours, de Alberto Reguera

La poesía del cacereño Álvaro Valverde (1959) se caracteriza por la sobriedad (“ese tono confidencial de lo dicho en voz baja”) y la actitud meditativa (“como quien va desgranando una idea”).

EL LECTOR

Ya había escrito el poema que ahora leo
en las páginas de un libro que no es mío.
Aunque esté ante él por vez primera
y por primera vez pose mis ojos
sobre la levedad de cada línea,
sé, a ciencia cierta, que los giros,
el tono, la medida, las metáforas
y, en fin, las expresiones que contiene,
por muy mías que a mí me lo parezcan,
son propiedad ajena, de ese alguien
lejano y tan distante como el tiempo
que en este mismo instante nos separa.
Me leo a mí mismo en estos versos
que anticipadamente me escribieran.
Soy su destinatario. Soy el que era.
Las palabras que enhebran me descubren
en una incierta edad que he olvidado.
Allí yo era ese otro que ahora vuelve.

Mecánica terrestre, 2002.


Waldo Leyva

Flujo hacia arriba, de Baruj Salinas

La poesía de Waldo Leyva (Cuba, 1943) presenta dos temas centrales: la nostalgia y el sueño de la utopía. Se proyecta por tanto hacia un pasado irremediablemente perdido y hacia un futuro por construir. Su lenguaje es depurado y preciso.

UN POEMA ES SIEMPRE LA CARENCIA DE ALGO…

Un poema es siempre la carencia de algo.
No hay personaje ajeno,
todos descubren las claves ocultas del que escribe.

Sólo el poeta sabe el daño que ocasiona cada verso
pero sigue buscando la palabra.

El rasguño en la piedra, 1995.


Sergio Mondragón

Árbol místico, de Enrique Sánchez

Para Sergio Mondragón (México, 1935), la poesía permite “asomarse a la grieta de oscuridad y silencio que yace entre las palabras: allí donde hallo una vía de escape, mi fuga para burlar al tiempo”. Se percibe en sus versos la influencia de los poetas beats y del budismo.

LA POESÍA DEL SOL

la loca poesía tiene el sombrero del sol
la loca poesía tiene el manto de la lluvia
y nos tiende sus hilos dorados
y florece como una respuesta a todas las preguntas

la loca poesía baja las escaleras del cielo
trepa los árboles de la mañana
se adormila en las pestañas de los que nacen
de los que bucean la luz del mediodía
de los que aran y oran

la loca poesía tiene los cabellos mojados
duerme por la noche
avanza por el día
se detiene
aspira las flores y viaja con las nubes

la loca poesía habita mi hombro
tu pie
habita tus pechos alegres
la loca poesía mana del centro del sol
escurre por tu costado
mana también de tu cabello
mana de tus dedos
estalla en las almenas de mis ojos

la poesía está loca por nosotros
para mirarla sólo tenemos que trazar el cuádruple conjuro
norte . sur . este . oeste
y verla caer como la lluvia
oirla cantar como el viento que pasa
verla ovillarse en las ingles de la tarde

la poesía está loca por nosotros y nos regala el verano
un verano que desfila lento
junto a sus hermanas las estaciones

la loca poesía

Aprendiz de brujo, 1969.


Jesús Lizano

Un grito: ¡libertad!, de Julio Gómez Biedma

La poesía del barcelonés Jesús Lizano (1931-2015), rebelde y doliente, expresa sus firmes convicciones libertarias, las que en su opinión constituyen el humanismo poético.

ENCUÉNTRAME, BELLEZA

Encuéntrame, Belleza, necesito
que me abraces, me siento despoblado,
ven a mi sentimiento descuidado,
que tu ausencia es el único delito.

Tú eres la inalcanzable y yo el maldito,
idéntico latido desolado,
yo por fruto en el tiempo encarcelado,
libre por sombra tú en el infinito.

Encuéntrame, Belleza, qué otra cosa
puede anhelar mi corazón cercado
que vivir de tu esencia, aurora mía.

Y qué puedes, altiva y silenciosa,
desear en tu frío descampado
sino la forma, hacerte poesía.

Sonetos (1955-1999), en Lizaria: aventura poética, 1945-2000.


Renée Ferrer

Tulipanes, de Mónica Frachia

Para la escritora paraguaya Renée Ferrer (1944), “la condición primaria del poeta es mantener tenso el arco de su autenticidad, y sólo puede hacerlo cuando se siente atravesado íntimamente por los hechos propios o ajenos”.

POEMAS

Los poemas caen sobre mí
como lluvias torrenciales,
como partes de un astro visionario
que vuelven a nacer entre mis manos,
como ríos anhelantes de su cauce
a través de mi carne.

Caen en mí
cuando las horas parten
y no estoy en mi cuerpo sino llena
de sed y de distancia
en el tránsito alado de los pájaros.

Peregrino de la eternidad , 1985.