Etiqueta: Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

Pablo García Baena

Las tres gracias del flamenco, de Antonio Povedano

Pablo García Baena (1923-2018) es la principal figura del grupo Cántico de Córdoba, caracterizado por el intimismo y el rigor estético, rasgo éste último que lo vincula al 27. Su poesía se define por la alternancia entre lo pagano y lo cristiano, entre sensualidad y espiritualidad, así como por el canto apasionado al amor y sus límites, o los acentos elegíacos ante la fugacidad y la muerte.

RUMOR OCULTO

Quiero que sea mi verso
como luna de abril,
como las rosas blancas,
como las hojas nuevas.
Que mi cítara suene
como el agua en la yedra,
que mi canto sea nada
para que lo sea todo
y que a mis versos caigan
heridas las estrellas.

Rumor oculto, 1946.


Rafael Cadenas

Para Rafael Cadenas (1930), uno de los más importantes poetas venezolanos de la generación del 60, la poesía es una revisión profunda y descarnada del yo, a la vez que un contrapeso del poder y la sociedad.

ESCRIBO…

Escribo
como el que se inclina sobre el cuerpo que ama.

«Fragmentos», en Una isla, 1958.


José Manuel Caballero Bonald

Figuras, de Juan Manuel Gutiérrez Montiel

Para José Manuel Caballero Bonald (Jerez, 1926) escribir es buscar en el laberinto de la memoria y del lenguaje la palabra precisa para dar cuenta de lo vivido, de lo salvado de la ruina del tiempo.

SOBRE EL IMPOSIBLE OFICIO DE ESCRIBIR

Por aquella palabra
de más que dije entonces, trataría
de dar mi vida ahora. ¿Vale algo
comprobarlo después de consumidos
tantos esfuerzos
para no mentir?

Toco
tu vientre y se desplaza el tiempo
como la sangre
en un embudo mientras
a ciegas nos buscamos. Sólo el riesgo
común ocupa el mundo, arrasa
el derredor, lo exprime
como una esponja, desordena
el engranaje de los hechos.

¿Cómo
poder saldar entonces
la ambigüedad de la memoria?

El imposible oficio de escribir
aproximadamente
la historia terminal del anteayer
de la vida, y más cuando
un incierto futuro se intercala
entre lo timorato y lo arrogante
me suele contagiar
de esa amorfa molicie
que entumece los goznes del deseo.

Pero no cejo nunca. Paraísos
vagamente resueltos
entre la oxidación del ocio, surgen
como reclamos, brillan
en ocasiones
con juvenil sabor a culpa.

¡Escapar de la mella de los días
iguales! En tanta libertad
¿se anudarán imágenes
que a su obstinado uso
me condenen, reduzcan el amor
a sus simulaciones? Lo que aquí
no está escrito es ya la única
prueba de que dispongo
para reconocerme, interrumpir
mi turno de erosión entre recuerdos
apremiantes.

Por aquella palabra
de más que dije entonces, trataría
de dar mi vida ahora.

Descrédito del héroe, 1977-93.


Álvaro Mutis

Adán, de Eduardo Ramírez Villamizar

La poesía del colombiano Álvaro Mutis (1923-2013) presenta una visión desencantada de la existencia, a través de la voz de Maqroll el Gaviero, personaje de ficción que también protagoniza sus novelas.

CADA POEMA

Cada poema un pájaro que huye
del sitio señalado por la plaga.
Cada poema un traje de la muerte
por las calles y plazas inundadas
en la cera letal de los vencidos.
Cada poema un paso hacia la muerte,
una falsa moneda de rescate,
un tiro al blanco en medio de la noche
horadando los puentes sobre el río,
cuyas dormidas aguas viajan
de la vieja ciudad hacia los campos
donde el día prepara sus hogueras.
Cada poema un tacto yerto
del que yace en la losa de las clínicas,
un ávido anzuelo que recorre
el limo blando de las sepulturas.
Cada poema un lento naufragio del deseo,
un crujir de los mástiles y jarcias
que sostienen el peso de la vida.
Cada poema un estruendo de lienzos que derrumban
sobre el rugir helado de las aguas
el albo aparejo del velamen.
Cada poema invadiendo y desgarrando
la amarga telaraña del hastío.
Cada poema nace de un ciego centinela
que grita al hondo hueco de la noche
el santo y seña de su desventura.
Agua de sueño, fuente de ceniza,
piedra porosa de los mataderos,
madera en sombra de las siemprevivas,
metal que dobla por los condenados,
aceite funeral de doble filo,
cotidiano sudario del poeta,
cada poema esparce sobre el mundo
el agrio cereal de la agonía.

Los trabajos perdidos, 1965.


Claudio Rodríguez

Concierto de amanecer, de Alvar Suñol

El zamorano Claudio Rodríguez (1934-1999), poeta visionario y órfico, cantor de la revelación y de la fusión con el universo, consagró sus versos al ciclo de la vida, a lo que ésta tiene de muerte y renacimiento. Es uno de los más destacados miembros de la generación del 50.

COMO SI NUNCA HUBIERA SIDO MÍA…

Como si nunca hubiera sido mía,
dad al aire mi voz y que en el aire
sea de todos y la sepan todos
igual que una mañana o una tarde.
Ni a la rama tan sólo abril acude
ni el agua espera sólo el estiaje.
¿Quién podría decir que es suyo el viento,
suya la luz, el canto de las aves
en el que esplende la estación, más cuando
llega la noche y en los chopos arde
tan peligrosamente retenida?
¡Que todo acabe aquí, que todo acabe
de una vez para siempre! La flor vive
tan bella porque vive poco tiempo
y, sin embargo, cómo se da, unánime,
dejando de ser flor y convirtiéndose
en ímpetu de entrega. Invierno, aunque
no esté detrás la primavera, saca
fuera de mí lo mío y hazme parte,
inútil polen que se pierde en tierra
pero ha sido de todos y de nadie.
Sobre el abierto páramo, el relente
es pinar en el pino, aire en el aire,
relente sólo para mi sequía.
Sobre la voz que va excavando un cauce
qué sacrilegio este del cuerpo, este
de no poder ser hostia para darse.

Don de la ebriedad, 1953.