Etiqueta: Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

Blanca Varela

Machu Picchu, de Tilsa Tsuchiya

Blanca Varela (Perú, 1926-2009) cultivó una poesía reflexiva y desencantada, bajo la influencia del surrealismo y del pensamiento existencialista. La palabra poética se convierte en sus versos en una forma de descubrir, conocer y revelar la realidad individual y colectiva.

UN POEMA…

Un poema
como una gran batalla
me arroja en esta arena
sin más enemigo que yo

yo
y el gran aire de las palabras

«Ejercicios», I. En Valses y otras falsas confesiones, 1972.


Antonio Gamoneda

Composición, de Manuel Rivera

El ovetense Antonio Gamoneda (1931) define la poesía como “arte de la memoria”, y la memoria como “conciencia de la pérdida”, “conciencia de ir hacia la muerte”.

PROPONGO MI CABEZA ATORMENTADA…

Propongo mi cabeza atormentada
por la sed y la tumba. Yo quería
despedir un sonido de alegría;
quizá sueno a materia desollada.

Me justifico en el dolor. No hay nada;
yo no encuentro en mis huesos cobardía.
En mi canto se invierte la agonía;
es un caso de luz incorporada.

Propongo mi cabeza por si hubiera
necesidad de soportar un rayo.
No hablo por mí solo. Digo, juro

que la belleza es necesaria. Muera
lo que deba morir; lo que me callo.
No toques, Dios, mi corazón impuro.

Sublevación inmóvil, 1953-59.


Antonio Colinas

Violín, de Pere Salinas

La poesía de Antonio Colinas (1946) mantiene un sostenido equilibrio entre emoción y meditación, experiencia vital y experiencia cultural.  Para este leonés, lo propio de la palabra poética es «su necesidad de fulgor, de intensidad, de emoción, de pureza formal».

EL POETA

Quien mida y valore la existencia
con arreglo a verdad, debe tener
en cuenta todo aquello que madura
y luego se corrompe.
Suma de perfecciones
y desesperaciones,
el orbe gira tenso y contiene,
por igual, vida y muerte.

Supremo testimonio del poeta
coronado de gozo y de dolor.
Su ojo está atento a los límites
vacíos
del cielo y de la tierra,
al cíclico y fúnebre
declinar de la Historia,
de colmadas y extensas estaciones.

Todo dura en la vida y es eterno
mientras el hombre no interprete o cante.
Para aquél que ha soñado intensamente
arde el mundo y se agota.
Siente la savia y siente la ceniza
aquél que osa hablar con el Misterio.
Llamas negras se escapan del cerco de los labios.
Y son los labios urnas en la noche.

Jardín de Orfeo, 1988.


Pere Gimferrer

El ángel caído, de Enrique Senís-Oliver

Pere Gimferrer (Barcelona, 1945), poeta en catalán y en español, recupera para la poesía hispánica el culto modernista de la belleza. La fascinación por los viejos mitos, la conciencia dolorosa de la temporalidad, la sorpresa ante la belleza inmaculada del mundo son algunos de sus temas, expresados en brillantes versículos.

RECUENTO

Ensayos he escrito desvaídos borradores esbozos
a la luz de una lámpara
apenas un valor decorativo
como figuras pintadas en la pantalla de una lámpara
piscinas con cisnes de plástico
me muerdo los labios y una gota de sangre vacila
besar al leproso
horror de los contrarios la caverna plutónica el vendaval sulfúreo
el otoño como un órgano profundo en las catedrales del agua
vivo de imágenes son mi propia sangre
la sangre es mi idioma ciego en la luz del planeta
buceando en la tiniebla con rifle submarino
un arpón oh sombras de delfines en mi vida
oh sombras de delfines
van y vienen en la verdosa oscuridad
cuánto quise decir que mis versos no dicen
cuánto mis versos dicen que yo no sabría decir
como una máquina tragaperras en Las Vegas o Phoenix City
y el fullero de smoking sale a una luz de carrusel
Cuando envejezca pensaré en mis versos como en esas inacabadas
[historias de familia con cenas y despachos y salones
las sonrisas de mis primas muertas hace tantos años
envejecidas como un vestido de encaje apolillado una muñeca abandonada
[en los desvanes
la sonrisa de una muñeca
sus ojos como canicas o vidrios de colores
como canicas o vidrios de colores mis versos
pero todo adquirirá otra luz una nueva perspectiva
como la sala en penumbra desde una cabina de proyección
las sombras plateadas de los mares del Sur
con guirnaldas de flores las canoas en el Pacífico
este azul tan intenso que por las noches fosforece
versos fosforescentes en la noche
emitiendo señales de radio bajo las aguas como un submarino perdido
el Scorpion de la VI Flota ante los cabos de Virginia
Norteamérica un nido de escorpiones
no regresan sus señales de radio se pierden en la noche se hunden en la
[pesada oscuridad de las olas
emitiendo mis versos
ya desde la vejez versos de veinte años
con palabras de entonces que se han vuelto románticas
como automóviles de principios de siglo
charolados y oscuros y encendidos
mis versos
como en el teatro Kabuki o en una obra griega
maquillajes y máscaras siempre máscaras
Personae dijo Pound
amarillos y azules y encarnados
colores vivos de instantánea Kodak
algunos no regresan se han ido las imágenes
mariposa en cenizas
otros aún fosforecen sobre la noche de los rascacielos
regresan como muchachos heridos en la ciénaga
pólvora y ojos verdes
un guerrillero bajo las estrellas metálicas
fuego de granadas Primavera
mis ojos han visto la hoguera de Savonarola
la muerte de Ernesto Guevara
y como Sandro Botticelli la fría luz de una plaza desnuda
edificios vacíos como un esbozo de arquitecto
Los milagros de san Zenobio pintado hacia 1500
ya no tenía fe
se desvanece el verde sombrío de las hojas y las diáfanas cabelleras de oro
sirenas de ambulancias vienen de Luna Park
aúllan en la noche
y a lo lejos la rueda luminosa
música toboganes laberintos
la lluvia en Luna Park y el frío de la Morgue y los recuerdos

Extraña fruta y otros poemas, 1969.


Sophia de Mello Breyner Andresen

Natacha, de António Soares

La portuguesa Sophia de Mello Breyner Andresen (1919-2004), una de las más importantes herederas de la tradición clásica, define la poesía como “mi explicación con el universo, mi convivencia con las cosas, mi participación en lo real, mi encuentro con las voces y las imágenes”.

MUSA

Aquí me senté queda
Con las manos sobre las rodillas
Queda muda secreta
Pasiva como los espejos
Musa enséñame el canto
Inmanente y latente
Yo quiero oír despacio
Tu súbito hablar
Que de repente me abrasa

Dual, 1972. Traducción de Jacobo Sanz Hermida.