Categoría: Autores

Almudena Guzmán

Leyendo bajo el árbol, de Carlos Laínez

La madrileña Almudena Guzmán (1964) construye su obra poética en torno al tema del amor, en versos libres, con un lenguaje coloquial, salpicado de imágenes surrealistas.

Y QUÉ DECIR DE LA POESÍA…

Y qué decir de la poesía
de la que eras grumete,
timonel y capitán a la vez,
siempre avanzando cara al sol
o contra el viento,
siempre izadas en medio de la lluvia
o trepando por la primavera de los mástiles
las velas de nieve de su corazón,
las rojas azaleas de su bandera.
Entonces el tiempo pasaba rápido como una bandada de delfines
limpiando la cubierta de inútiles aparejos,
sorteando los escollos de falso coral,
evitando el transitado cabotaje;
de los piratas amabas la magia
de convertir en propio el oro ajeno,
de los marinos oficiales odiabas el engaño
de trocarlo en galonada baratija de nadie.
Y al atardecer,
subida al palo mayor catalejo en mano,
sentías que todo aquello que no era tierra a la vista
era tuyo.

Calendario, 1998.


Sebastián Salazar Bondy

Desnudo en verde, de Víctor Humareda

Los versos de Sebastián Salazar Bondy (Perú, 1924-1965), austeros y serenos, proyectan una mirada melancólica y crítica sobre el entorno urbano.

EL POETA CONOCE LA POESÍA

Permítanme decir que la poesía
es una habitación a oscuras, y permítanme también
que confiese que dentro de ella nos sentimos muy solos,
nos palpamos el cuerpo y lo herimos,
nos quitamos el sombrero y somos estatuas,
nos arrojamos contra las paredes y no las hallamos,
pisamos en agua infinita y aspiramos el olor de la sangre
como si la flor de la vida exhalara en esa soledad
toda su plenitud sin fracasos.

Permítanme, al mismo tiempo, que pregunte
si un peruano, si un fugitivo de la memoria del hombre,
puede sentarse allí como un señor en su jardín,
tomar el té y dar los buenos días a la alegría.
Qué equivocados estamos, entonces, qué pálida
es la idea que tenemos de algo tan ardiente y doloroso.
Porque, para ser justos, es necesario que envolvamos nuestra ropa,
demos fuego a nuestras bibliotecas,
arrojemos al mar las máquinas felices que resuenan todo el día,
y vayamos al corazón de esa tumba
para sacar de ahí un polvo de siglos que está olvidado todavía.

No sé si esto será bueno, pero permítanme que diga
que de otro modo la poesía está resultando un poco tonta.

Confidencia en alta voz, 1960.


Giacomo Leopardi

Muchacha melancólica, de Francesco Hayez

La poesía de Giacomo Leopardi (1798-1837), figura mayor del romanticismo italiano, se caracteriza por un profundo pesimismo, unido a una exquisita sensibilidad y a una notable perfección formal.

PASATIEMPO

Cuando muchacho vine
a entrar en disciplina con las Musas,
una de ellas cogiome de la mano
y durante aquel día
en torno me condujo
para ver su oficina.
Me mostró uno por uno
los útiles del arte,
y el distinto servicio
a que cada uno de ellos
se emplea en el trabajo
de la prosa y el verso.
Yo los miraba, y dije:
«Musa, ¿y la lima?» Y contestó la diosa:
«La lima se gastó; ya no la usamos.»
Y yo: «Mas rehacerla
es preciso, ya que es tan necesaria.»
Y contestó: «Así es, mas falta tiempo.»

Cantos, 1835. Traducción de Diego Navarro.


José Hierro

José Hierro (Madrid, 1922-2002) señaló en su poesía dos caminos: el reportaje y la alucinación. El primero «trata, de una manera directa, narrativa, un tema». En el segundo «se habla vagamente de emociones» y «todo aparece como envuelto en niebla».

PARA UN ESTETA

Tú que hueles la flor de la bella palabra
acaso no comprendes las mías sin aroma.
Tú que buscas el agua que corre transparente
no has de beber mis aguas rojas.

Tú que sigues el vuelo de la belleza, acaso
nunca jamás pensaste cómo la muerte ronda
ni cómo vida y muerte –agua y fuego– hermanadas
van socavando nuestra roca.

Perfección de la vida que nos talla y dispone
para la perfección de la muerte remota.
Y lo demás, palabras, palabras y palabras,
¡ay, palabras maravillosas!

Tú que bebes el vino en la copa de plata
no sabes el camino de la fuente que brota
en la piedra. No sacias tu sed en su agua pura
con tus dos manos como copa.

Lo has olvidado todo porque lo sabes todo.
Te crees dueño, no hermano menor de cuanto nombras.
Y olvidas las raíces («Mi Obra», dices), olvidas
que vida y muerte son tu obra.

No has venido a la tierra a poner diques y orden
en el maravilloso desorden de las cosas.
Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas
sin alzar vallas a su gloria.

Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo.
Sus aguas en tu cauce temporal desembocan.
Y hechos un solo río os vertéis en el mar
«que es el morir» dicen las coplas.

No has venido a poner orden, dique. Has venido
a hacer mole la muela con tu agua transitoria.
Tu fin no está en ti mismo («Mi Obra», dices), olvidas
que vida y muerte son tu obra.

Y que el cantar que hoy cantas será apagado un día
por la música de otras olas.

Quinta del 42, 1952.


Ana Istarú

Musa Mixta, de Cali Rivera

La poesía de la costarricense Ana Istarú (1960) destaca por su sensualidad y rebeldía. En ella se armoniza perfectamente la emoción y el rigor formal.

NECESITO

Yo no puedo hacer un poema
con sólo la luz de una mano
y los músculos tenues de las palabras,
como quien agrega al aire
un argumento de pétalos
para inclinarlo sobre el pasto,
o como quien agujerea de pasos y cantos
la alegría de asfalto que va despidiendo la carretera.

Yo necesito un sol
para poder trazar los cerros,
agua de platas pedregosas
con que doblegar los labios,
yo, que guardo una cigarra
con el idioma alto de los campanarios.

Y una mañana de bocas
donde iluminar mi cuello.

Poemas para un día cualquiera, 1977.