Categoría: VIII) Contemporáneos

Luis García Montero

El desafío, de Eduardo Úrculo

Luis García Montero (Granada, 1958) es el representante más destacado de la poesía de la experiencia, tendencia poética que explora las vivencias cotidianas del hombre contemporáneo. Su escritura apuesta por “las posibilidades estéticas del realismo, los tonos coloquiales y la naturalidad”.

POÉTICA

A Felipe Benítez Reyes

Las cuatro de la tarde. Familiar devaneo.
Todavía la mesa está sin recoger.
Se acostumbran las cosas a su oficio de ser
compañías lejanas bajo un dulce mareo.

En el sofá tendidas duermen las dos. Yo leo
los últimos poemas de Pere Gimferrer.
Cierro los ojos, sueño con mi propia mujer,
comprendiendo el origen clerical del deseo.

Miro el televisor, hojeo las revistas.
Sus anuncios predican el placer de una fiesta,
esa niña dormida, el mar, los deportistas.

Y pienso en la poesía: es quizás como esta
seducción fabricada por los oficinistas
para soñar el sueño tranquilo de su siesta.


Vicente Gallego

Presencias, de Goyo Domínguez

La poesía del valenciano Vicente Gallego (1963) destaca por la palabra rigurosa y exacta y el equilibrio entre vivencia y reflexión. A la conciencia de la precariedad de la condición humana, Gallego opone su rotunda voluntad de afirmación de la vida aun con su precio inevitable de muerte.

MI IDEA DEL AUTOR

(A man of no fortune and with a name to come)
Wim Mertens

Entrego muchas horas a mi cuarto,
comparo algunas tardes, por ejemplo,
a un animal prehistórico y herido,
o a la dama que arroja, lentamente,
su lencería oscura a mi ventana.
Pero sé que la tarde es sólo eso:
una costumbre antigua de mis ojos.
Me reprocho a menudo muchas cosas
a las que no me atrevo, y los errores
que a veces cometió mi atrevimiento.
Procuro parecer un poeta mundano,
como John Donne, profundo y algo frívolo,
que se cuente conmigo en cualquier fiesta,
aunque suelen mis versos, y mi vida,
traicionar esa imagen.
No sabría explicaros, con rigor,
por qué razón escribo, abandono
esa fatiga a mis colegas doctos,
mas no quiero curarme el vicio absurdo
de las letras. Me gustan las mujeres,
pero ellas, por más que yo lo intento,
no me ayudan a ser un mujeriego.
Por su causa he sufrido de verdad
–jamás finjo el dolor que hay en mis versos,
aunque finja tal vez otros motivos–.
Se podría decir que soy feliz
en general, sin sorna ni entusiasmo,
y me veo corriente –aunque me gusto–,
creedme que lo siento, pues habría
querido para mí más altas metas,
otros tiempos proclives a la gloria.
Intento sin embargo acomodarme
a este papel que a veces me incomoda
por discreto, por triste o por amargo.
Hago inventario de los nombres idos
–procuro hacerlo con palabras bellas–,
y pierdo el tiempo censurando al tiempo
su actitud descortés para con todos.

Los ojos del extraño, 1986-90.


Pere Gimferrer

El ángel caído, de Enrique Senís-Oliver

Pere Gimferrer (Barcelona, 1945), poeta en catalán y en español, recupera para la poesía hispánica el culto modernista de la belleza. La fascinación por los viejos mitos, la conciencia dolorosa de la temporalidad, la sorpresa ante la belleza inmaculada del mundo son algunos de sus temas, expresados en brillantes versículos.

RECUENTO

Ensayos he escrito desvaídos borradores esbozos
a la luz de una lámpara
apenas un valor decorativo
como figuras pintadas en la pantalla de una lámpara
piscinas con cisnes de plástico
me muerdo los labios y una gota de sangre vacila
besar al leproso
horror de los contrarios la caverna plutónica el vendaval sulfúreo
el otoño como un órgano profundo en las catedrales del agua
vivo de imágenes son mi propia sangre
la sangre es mi idioma ciego en la luz del planeta
buceando en la tiniebla con rifle submarino
un arpón oh sombras de delfines en mi vida
oh sombras de delfines
van y vienen en la verdosa oscuridad
cuánto quise decir que mis versos no dicen
cuánto mis versos dicen que yo no sabría decir
como una máquina tragaperras en Las Vegas o Phoenix City
y el fullero de smoking sale a una luz de carrusel
Cuando envejezca pensaré en mis versos como en esas inacabadas
[historias de familia con cenas y despachos y salones
las sonrisas de mis primas muertas hace tantos años
envejecidas como un vestido de encaje apolillado una muñeca abandonada
[en los desvanes
la sonrisa de una muñeca
sus ojos como canicas o vidrios de colores
como canicas o vidrios de colores mis versos
pero todo adquirirá otra luz una nueva perspectiva
como la sala en penumbra desde una cabina de proyección
las sombras plateadas de los mares del Sur
con guirnaldas de flores las canoas en el Pacífico
este azul tan intenso que por las noches fosforece
versos fosforescentes en la noche
emitiendo señales de radio bajo las aguas como un submarino perdido
el Scorpion de la VI Flota ante los cabos de Virginia
Norteamérica un nido de escorpiones
no regresan sus señales de radio se pierden en la noche se hunden en la
[pesada oscuridad de las olas
emitiendo mis versos
ya desde la vejez versos de veinte años
con palabras de entonces que se han vuelto románticas
como automóviles de principios de siglo
charolados y oscuros y encendidos
mis versos
como en el teatro Kabuki o en una obra griega
maquillajes y máscaras siempre máscaras
Personae dijo Pound
amarillos y azules y encarnados
colores vivos de instantánea Kodak
algunos no regresan se han ido las imágenes
mariposa en cenizas
otros aún fosforecen sobre la noche de los rascacielos
regresan como muchachos heridos en la ciénaga
pólvora y ojos verdes
un guerrillero bajo las estrellas metálicas
fuego de granadas Primavera
mis ojos han visto la hoguera de Savonarola
la muerte de Ernesto Guevara
y como Sandro Botticelli la fría luz de una plaza desnuda
edificios vacíos como un esbozo de arquitecto
Los milagros de san Zenobio pintado hacia 1500
ya no tenía fe
se desvanece el verde sombrío de las hojas y las diáfanas cabelleras de oro
sirenas de ambulancias vienen de Luna Park
aúllan en la noche
y a lo lejos la rueda luminosa
música toboganes laberintos
la lluvia en Luna Park y el frío de la Morgue y los recuerdos

Extraña fruta y otros poemas, 1969.


Antonio Martínez Sarrión

Retrato imaginario de Brigitte Bardot, de Antonio Saura

Antonio Martínez Sarrión (Albacete, 1939), uno de los nueve novísimos de la clásica antología de Castellet, ha expresado en sus versos la fascinación por los mitos del cine y el jazz.

LUZ DE LÁMPARA

sur le vide papier que la blancheur défend.
S. M.

Esta necesidad de trazar coordenadas
en primera persona del singular presente:
no distancia, no tecla
lista para la fuga per canonem: grilletes.

Y la ilusión-dejadme
de desaparecer

labrando un tenue rastro en la tierra baldía
–camino de babosa para ser más exactos–
que por lo mismo pierde desolación. Oído
finísimo: Un batir de alas
y he ahí ya el milagro: los sentidos
si incompletos, bastantes. Ya construir es fácil
o mentir:
la adusta proporción de la cuartilla en blanco,
su centro por completo inaccesible: puñados de papel
en la cinta sin fin del deterioro. Túmulo
del lenguaje, pajaritas
de tinta piadoras en los tubos del órgano,
sindetikón que mutila la página. Porque ya está resuelto
el gran enigma: no hay cuerpo de memoria
que acompañe al monarca a la imperiosa tumba
y conectar la música no empañó en absoluto
el odioso esplendor de los bustos reales
agrupados sin orden en las logias sin tiempo.

Una tromba mortal para los balleneros, 1975.


María Sanz

Cubículo IV, de Bernardo Torrens

La poesía de la sevillana María Sanz (Sevilla, 1956) se nutre de la emoción contemplativa y de la capacidad de la palabra para evocar sensaciones. Música y pintura, naturaleza y vida, se funden en sus poemas.

ALGUIEN QUE NO SOY YO

Alguien que no soy yo lleva la cuenta
de las horas felices, de las tardes
en que tuvo al amor como aliado,
de las noches libradas cuerpo a cuerpo.

Alguien que no soy yo sale de casa
y rompe sus cadenas, como aquellos
que, tras cumplir con su dolor, un día
cualquiera se fugaron de la muerte.

Ese alguien eleva
su corazón al cielo;
abarca el horizonte
y elige su destino,
aunque al final se interne
dentro de mí y escriba.

Paseo de los magnolios, 19956.