Categoría: VIII) Contemporáneos

Álvaro Valverde

Velours, de Alberto Reguera

La poesía del cacereño Álvaro Valverde (1959) se caracteriza por la sobriedad (“ese tono confidencial de lo dicho en voz baja”) y la actitud meditativa (“como quien va desgranando una idea”).

EL LECTOR

Ya había escrito el poema que ahora leo
en las páginas de un libro que no es mío.
Aunque esté ante él por vez primera
y por primera vez pose mis ojos
sobre la levedad de cada línea,
sé, a ciencia cierta, que los giros,
el tono, la medida, las metáforas
y, en fin, las expresiones que contiene,
por muy mías que a mí me lo parezcan,
son propiedad ajena, de ese alguien
lejano y tan distante como el tiempo
que en este mismo instante nos separa.
Me leo a mí mismo en estos versos
que anticipadamente me escribieran.
Soy su destinatario. Soy el que era.
Las palabras que enhebran me descubren
en una incierta edad que he olvidado.
Allí yo era ese otro que ahora vuelve.

Mecánica terrestre, 2002.


Leopoldo Alas

La casa verde, de Isabel Gutiérrez

Cotidianeidad, ficcionalización de lo vivido y un lenguaje sobrio, suavemente literaturizado, son las características de la poesía de Leopoldo Alas Mínguez (La Rioja, 1962-2008), sobrino-nieto de Clarín.

POÉTICA

En los tiempos que corren, salvo si tengo miedo,
prefiero estar sin preguntarme nada.
No importa dónde quedan los días que han pasado
ni entender si es eterna la vida, breve o larga.
Lo único que pido son sentimientos claros
y ver la luz del sol cuando despierto.

Comprendo que se va estrechando el cerco
y que el azar me tiende inesperadas trampas.
Los sueños no me alteran porque sé que son vanos
y olvidar me libera de penosas jornadas.
En mañanas oscuras, pocas veces al año,
me cubro con la sábana y lloro por los muertos.

La condición y el tiempo, 1992.


José Cereijo

Luz cenital, de Josep Cisquella

La poesía del pontevedrés José Cereijo (1957) se caracteriza por la expresión de inquietudes existenciales, el uso de una lengua poética precisa y natural y cierto clasicismo ético y formal.

EXEGI MONUMENTUM…

Me divierte la idea de imaginar la gloria
bajo la forma de una vieja estatua
en un rincón cualquiera (deyecciones
de infrecuentes palomas, y hasta quizá la inútil
sabiduría de algún erudito local,
más oscuro aún que yo, por único homenaje):
apreciable metáfora del modo
en que nos trata el tiempo,
reafirmando con ello su antigua, y merecida,
reputación de justo.
No me divierte menos sospechar que es probable
el que no exista nunca –salvo en este poema,
que adquiere así la condición de un corte
de mangas al olvido, vanidoso
y enteramente inútil, por supuesto.
Lamento únicamente
la imposibilidad de que me inviten
no a la inauguración, tan banal y aburrida,
sino al comienzo de su deterioro
o de su muy probable inexistencia:
a eso, en cambio, sí que asistiría
–como único invitado, desde luego,
y, aunque esté mal decirlo (ya lo sé),
no enteramente a salvo del orgullo.

Las trampas del tiempo, 1999.


José Gutiérrez

Las Meninas y un servidor, de Eleazar

El granadino José Gutiérrez (1955) concibe el poema como la “plasmación artística, a través del lenguaje, de nuestros impulsos más verdaderos”. Rigor poético y autenticidad moral son los dos principios que se impone como creador.

POÉTICA

Un deseo de luz para las manos,
esta lira que suena en mi silencio,
cuchillada de sol entre los ojos,
alto vuelo de pájaros solemnes
sobre el dolor del mundo: denso olvido;
navaja cenicienta, la palabra,
es el arma que esgrimo.

Primeros poemas, 1976.


Francisco Ruiz Noguera

Aguas cubiertas de hojas, de Ángel Busca

Para el malagueño Francisco Ruiz Noguera (1951), el poema es resultado del “buceo en la memoria con las armas del lenguaje”. Su lírica entronca con la tradición simbolista: evocación, sugerencia y ritmo son los pilares sobre los que se asienta.

TIERRA DE NADIE

Un espacio entre brumas
donde apenas si vemos
el trazo del camino,

una brisa rizada
en un estanque quieto,

un rumor presentido
en el silencio hueco de la noche,

la ilusión engañosa
de un horizonte fijo:

es la tierra de nadie
que marca la frontera
entre nuestro propósito
y la página en blanco.

No siempre, para hollarla, la palabra
(ese afán desmedido
para balizar la nada)
es seguro astrolabio:

siempre queda lo incierto de la ruta,
así la sugerencia en el poema.

Simulacro de fuego, 1993.