Categoría: Otras literaturas

Pere Gimferrer

El ángel caído, de Enrique Senís-Oliver

Pere Gimferrer (Barcelona, 1945), poeta en catalán y en español, recupera para la poesía hispánica el culto modernista de la belleza. La fascinación por los viejos mitos, la conciencia dolorosa de la temporalidad, la sorpresa ante la belleza inmaculada del mundo son algunos de sus temas, expresados en brillantes versículos.

RECUENTO

Ensayos he escrito desvaídos borradores esbozos
a la luz de una lámpara
apenas un valor decorativo
como figuras pintadas en la pantalla de una lámpara
piscinas con cisnes de plástico
me muerdo los labios y una gota de sangre vacila
besar al leproso
horror de los contrarios la caverna plutónica el vendaval sulfúreo
el otoño como un órgano profundo en las catedrales del agua
vivo de imágenes son mi propia sangre
la sangre es mi idioma ciego en la luz del planeta
buceando en la tiniebla con rifle submarino
un arpón oh sombras de delfines en mi vida
oh sombras de delfines
van y vienen en la verdosa oscuridad
cuánto quise decir que mis versos no dicen
cuánto mis versos dicen que yo no sabría decir
como una máquina tragaperras en Las Vegas o Phoenix City
y el fullero de smoking sale a una luz de carrusel
Cuando envejezca pensaré en mis versos como en esas inacabadas
[historias de familia con cenas y despachos y salones
las sonrisas de mis primas muertas hace tantos años
envejecidas como un vestido de encaje apolillado una muñeca abandonada
[en los desvanes
la sonrisa de una muñeca
sus ojos como canicas o vidrios de colores
como canicas o vidrios de colores mis versos
pero todo adquirirá otra luz una nueva perspectiva
como la sala en penumbra desde una cabina de proyección
las sombras plateadas de los mares del Sur
con guirnaldas de flores las canoas en el Pacífico
este azul tan intenso que por las noches fosforece
versos fosforescentes en la noche
emitiendo señales de radio bajo las aguas como un submarino perdido
el Scorpion de la VI Flota ante los cabos de Virginia
Norteamérica un nido de escorpiones
no regresan sus señales de radio se pierden en la noche se hunden en la
[pesada oscuridad de las olas
emitiendo mis versos
ya desde la vejez versos de veinte años
con palabras de entonces que se han vuelto románticas
como automóviles de principios de siglo
charolados y oscuros y encendidos
mis versos
como en el teatro Kabuki o en una obra griega
maquillajes y máscaras siempre máscaras
Personae dijo Pound
amarillos y azules y encarnados
colores vivos de instantánea Kodak
algunos no regresan se han ido las imágenes
mariposa en cenizas
otros aún fosforecen sobre la noche de los rascacielos
regresan como muchachos heridos en la ciénaga
pólvora y ojos verdes
un guerrillero bajo las estrellas metálicas
fuego de granadas Primavera
mis ojos han visto la hoguera de Savonarola
la muerte de Ernesto Guevara
y como Sandro Botticelli la fría luz de una plaza desnuda
edificios vacíos como un esbozo de arquitecto
Los milagros de san Zenobio pintado hacia 1500
ya no tenía fe
se desvanece el verde sombrío de las hojas y las diáfanas cabelleras de oro
sirenas de ambulancias vienen de Luna Park
aúllan en la noche
y a lo lejos la rueda luminosa
música toboganes laberintos
la lluvia en Luna Park y el frío de la Morgue y los recuerdos

Extraña fruta y otros poemas, 1969.


Pierre de Ronsard

Gabrielle d' Estrées y su hija, anónimo francés de la Escuela de Fontainebleau

Pierre de Ronsard (1524-1585), el más importante poeta del Renacimiento francés, formó parte de La Pléyade, grupo de poetas que intentaron revitalizar la lengua y la literatura francesas inspirándose en los clásicos latinos y en Petrarca.

CON LAURELES Y MIRTOS HOJA A HOJA TRENZADOS…

Con laureles y mirtos hoja a hoja trenzados,
cuando Helena tejía una bella corona
me llamó por mi nombre: recibid este don,
a mí sola, Ronsard, cantaréis en la vida.

Escuchándola, Amor, con sus férreos dardos
me entra Helena en el pecho, me hace ser su cantor:
que un asunto tan fértil no sorprenda a tu pluma,
cuanto más grande el tema, morirás más cual cisne.

Dijo Amor, y tocó con sus alas mi cuerpo.
Oí el ruido de su arco y las hojas eternas
de los mirtos sentí agitarse en mi frente.

Adiós, musas, adiós, a vosotras renuncio.
Mi Parnaso es Helena, y si tengo esta amada
será mío el laurel, no es posible el fracaso.

Sonetos para Helena (1574), I, 56. Traducción de Carlos Pujol.


Sophia de Mello Breyner Andresen

Natacha, de António Soares

La portuguesa Sophia de Mello Breyner Andresen (1919-2004), una de las más importantes herederas de la tradición clásica, define la poesía como “mi explicación con el universo, mi convivencia con las cosas, mi participación en lo real, mi encuentro con las voces y las imágenes”.

MUSA

Aquí me senté queda
Con las manos sobre las rodillas
Queda muda secreta
Pasiva como los espejos
Musa enséñame el canto
Inmanente y latente
Yo quiero oír despacio
Tu súbito hablar
Que de repente me abrasa

Dual, 1972. Traducción de Jacobo Sanz Hermida.


A. E. Housman

Bañistas, de Henry Scott Tuke

La poesía del inglés Alfred Edward Housman (1859-1936) combina la pureza clásica de la forma con una amarga inspiración romántica. El amor a los muchachos, la fugacidad de la vida y del goce, y la crítica al puritanismo son algunos de los ejes temáticos de sus poemas, epigramáticos y sentenciosos.

DICEN QUE ES TRISTE MI POESÍA, NO ME EXTRAÑA…

Dicen que es triste mi poesía, no me extraña.
Su estrecha medida abarca
lágrimas de eternidad y de pena.
No mías, sino del hombre.

Esto es para los enfermos,
los no nacidos, los nunca llegados,
para que ellos lean cuando sientan las angustias
que yo ya no sienta.

Otros poemas, 1936. Traducción de Juan Bonilla.


Thomas Stearns Eliot

Arroyo tranquilo, de John Edward Costigan

La poesía del estadounidense Thomas Stearns Eliot (1888-1965), representante máximo del modernism, movimiento literario vinculado al experimentalismo y la vanguardia, recurre al monólogo coloquial, las alusiones culturales y los elementos visuales.

UNA NOTA SOBRE LA POESÍA DE GUERRA

Una nota sobre la poesía de guerra se escribió a petición de la señorita Storm Jameson, para incluirse en un libro titulado London Calling (Aquí Londres) (Harper Brothers, Nueva York, 1942).

No la expresión de la emoción colectiva
imperfectamente reflejada en los diarios.
¿Dónde está el punto en que la exposición meramente
individual irrumpe

en el sendero de una acción meramente típica
para crear lo universal, originar un símbolo
a partir del impacto? Ese es un encuentro
a que asistimos

de fuerzas más allá del control por el experimento ?
de la Naturaleza y del Espíritu. Sobre todo la experiencia
individual es demasiado grande o demasiado pequeña.
Nuestras emociones
son sólo «incidentes».

En el esfuerzo por conservar unidos día y noche,
parece posible apenas que un poema pueda acontecerle
a un joven: pero un poema no es la poesía ?
eso lo es una vida.

La guerra no es una vida: es una situación,
que no se puede ignorar ni aceptar,
un problema a que hacer frente con emboscadas y estratagemas
envolviéndolo o desparramándolo.

Lo que perdura no es un sustitutivo de lo que pasa,
ni esto de lo otro. Pero la concepción abstracta
de experiencia privada en su mayor intensidad
haciéndose universal, lo que llamamos «poesía»,
puede ser afirmado en verso.

Traducción de José María Valverde.