Categoría: Otras literaturas

Mario Luzi

Jinete, de Marino Marini

Mario Luzi (1914-2005) es uno de los más importantes representantes de la corriente hermética en Italia. En su obra, que aúna poesía y pensamiento, continuamente aparecen interrogaciones y elipsis, que reflejan las incertidumbres del escritor ante la realidad y sus metamorfosis.

¿DÓNDE ME LLEVAS, ARTE MÍO…?

¿Dónde me llevas, arte mío,
a qué remoto
desértico territorio
de repente me arrojas?

¿A qué paraíso de salud,
de luz y libertad,
arte, mediante hechizo me escoltas?

¿Mío? no es mío este arte,
lo practico, lo afino,
le abro las reservas
humanas del dolor,
divinas me provee
él de ardor
y de contemplación
en los cielos en los que me adentro…

¡Oh mi indescifrable condición,
mi insostenible encarnación!

«Él, su arte», en Viaje terrestre y celeste de Simone Martini, 1994. Traducción de Pedro Luis Ladrón de Guevara.


Joachim du Bellay

Eva Prima Pandora, de Jean Cousin, el mayor

Dentro del grupo de La Pléyade, destaca por su originalidad el francés Joachim du Bellay (1522-1560), maestro del soneto: en su poesía, el culturalismo adelgaza, para dejar sitio a la confidencia íntima y a los acentos elegíacos.

NO QUIERO ESCUDRIÑAR DE LA NATURA EL FONDO…

No quiero escudriñar de la natura el fondo,
no quiero rebuscar la esencia universal,
no quiero sondear los abismos cubiertos,
ni dibujar del cielo la hermosa arquitectura.

No pinto yo mis lienzos con tan rica pintura,
y argumentos tan altos no los busco en mis versos:
Mas del lugar siguiendo los accidentes varios,
sea del bien o del mal, escribo a la ventura.

A mis versos les lloro, si tengo una tristeza:
y me río con ellos y les cuento el secreto,
pues son del corazón muy fieles secretarios.

Así es que no pretendo peinarlos o adornarlos,
ni con sonoros nombres los quiero disfrazar
sino de notas íntimas o propios comentarios.

Lamentaciones, 1558. Traducción de Luis Antonio de Villena.


José Maria de Hérédia

La perla y la ola, de Paul Baudry

José Maria de Hérédia (1842-1905), poeta cubano de expresión francesa, es uno de los más aventajados representantes del parnasianismo. Sus sonetos, de tema bucólico, histórico o mitológico, más descriptivos que líricos, destacan por su belleza formal.

LA FLAUTA

La tarde. Cruza el cielo un vuelo de palomas.
Nada podrá aliviar tu amoroso ardor,
¡oh, pastor!, sino el son de un dulce caramillo
junto al fresco rumor de fuente entre los juncos.

A la sombra del plátano donde descansaremos
es más blanda la hierba. Deja, amigo, a la cabra,
errante, sorda incluso para sus cabritillos,
escalar la alta roca y pacer tiernos brotes.

Mi flauta, hecha con siete cañas irregulares
de cicuta, que cera envuelve y une, aguda
o grave, llora, canta o gime si es mi agrado.

Ven a aprender el arte divino de Sileno,
y tus ayes de amor, de esta sagrada caña,
escaparán volando en armonioso aliento.

Los trofeos, 1893. Traducción de Paco García.


César Antonio Molina

Fragas del Eume, de Pedro Bueno Salto

César Antonio Molina (La Coruña, 1952), poeta bilingüe, en español y en gallego, es autor de una obra densa, heredera de la tradición simbolista europea, profundamente humanística.

VIENES EN LA NOCHE DE CUZCO CON EL HUMO FABULOSO DE TU CABELLERA

Mi mano está sobre el desnudo papel de la mesa
y yo a kilómetros de distancia
en tu túnica de tela real finísima,
transparentes ambos cuando al estar mojados
de tinta o mar se dejan ver preformes,
voluptuosos por la oblicuidad del oleaje.

Mis días están plenos en el resollar fatídico del océano.
La sal, la nube la amarga espuma, el cielo brocado
boya en el adiós.

El poema y tú estáis en la otra orilla.
Una extensión liquida media entre nosotros
y un cocodrilo aguarda en la playa
como tintero, ojo, ombligo, áspid fosfórico
que guía la sed de mañana.

Mi mano aspira al encuentro.
Todo en ella está preparado,
jaula y cebo,
para las garras llenas de bálsamo.

Mi noche es ahora día,
mi día es ahora noche.
¿Quién nos caza?

Mi mano está sobre el desnudo papel de la mesa
y mi deseo a kilómetros de distancia
te sale al encuentro.
Tu cabellera ondula la escribanía como una vegetación.
Rueda humeante en las mareas,
desea morir y renacer.
Sus pies son un torbellino y su cuerpo está aéreo
como mi mano de cazador que sigue pasos,
aquella huella alzada contra las frondas.

La voz del poema clama como el ánsar o la llama cogida en su celo
y es tu imagen quien me aprisiona en el mismo vibrar.

Mi mano está sobre la desnuda piel de la tuya,
el ámbito interior crea un espacio de silencio,
en la línea de papel
por donde el viento seca esta tinta simpática.

Derivas, 1987. Las ruinas del mundo, 1991.


Manuel Alegre

Sin título, de Armanda Passos

La poesía del portugués Manuel Alegre (1936) persigue las “señales de la esencia del mundo que a veces se revelan en la palabra poética”. Sus libros más populares, escritos en la década de los 60, denuncian los males de la guerra colonial y de la dictadura salazarista.

CÓMO SE HACE UN POEMA

Yo hice mi poema con muchas cosas.
Rompí retratos abrí un pozo
en la llanura. Habité muchos cuadernos.
Fui a la guerra y morí. Fui a la guerra y volví.
Con muchas cosas hice mi poema.

Mané ¿en dónde dejaste mi primer verso?
Mané rimaba siempre con por qué. ¿Por qué?
Mi tía se murió despacio despacio.
Ese día aprendí el sustantivo muerte.
Con muchas cosas hice mi poema.

Algunas no las digo. ¿Para qué decirlas?
Por ejemplo: rimaba estrelas con procelas.
En las rimas era libre. Vinieron a prenderme a prenderlas
y descubrí otra rima para estrelas: celas.
Con muchas cosas hice mi poema.

Campanillas nocturnas ¿por qué no me llaman?
Mis amigos silbaban siempre a media noche
Coimbra era una europa llena de trenes.
Campanillas nocturnas ¿por qué no me llaman?
Con muchas cosas hice mi poema.

Partí vestido de soldado. Yo vi Lisboa
llena de lágrimas. Y un avión se quedó
mucho tiempo volando entre lágrimas y nubes
mi amada llorando en el aeropuerto triste.
Con muchas cosas hice mi poema.

Mi amigo murió. Ya dije cómo fue.
La mina reventó mi amigo se quedó
con las tripas fuera encima de un árbol.
Aprendí en tercera persona el verbo morir.
Con muchas cosas hice mi poema.

Vi soldados con las manos llenas de sangre
y eso fue demasiado. Y tuve que aprender
en primera persona el verbo matar. Desde entonces
hay ciertos adjetivos que me duelen mucho.
Con muchas cosas hice mi poema.