Categoría: VII) Posguerra

Miguel Labordeta

Sin título, de Joan Ponç

El poeta aragonés Miguel Labordeta (1921-1969) es uno de los principales valedores del surrealismo durante la posguerra. Su poesía es anticonvencional y desgarrada.

ESCRIBO PARA NO MORIRME DE PENA

Escribo para no morirme de pena
para no ahogarme en esta sed de asesinar
que cubre las horribles tardes onanistas
de los afanosos alojos de los cines.
Daría mi sed y mi apellido
por un beso tan solo…
pero sólo hay saliva bajo el ardiente
pluscuamperfecto de lo humano.
Me daría por un dios dulce
que me hiciera agonizar en la luz
pero el jinete negro de mis sueños
me invita a la feroz destrucción
de la forma sangrienta de los sepulcros.
Por no entregarme a él, tan verdadero… escribo, hablo,
me devoro en mi propia locura de ser hombre.

De la época de Viento idílico y Transeúnte central, 1949-50.


Concha Zardoya

Paisaje, de Manuel Colmeiro

La chileno-española Concha Zardoya (1914-2004) inició un tono propio en la poesía de posguerra española, basado en la poetización de las cosas sencillas, como forma de indagación en los problemas de la condición humana.

ES MI ÚNICA PATRIA LA PALABRA

Es mi única patria la palabra.
Esta palabra viva que derramo
azul y roja, gris, o negra y blanca,
ayer y hoy, mañana, tantos años.

Es mi única patria la palabra.
Es el único pan que como a diario.
¡Corteza dura masco, miga blanda,
dorado candeal que besa el labio!

La vierto por los ojos, por la cara.
Del hondo corazón le nace el llanto.
Las sílabas rezuman toda el alma,
el poso de silencios acuñados.

Y, flor, sustento, luz, piedad, el agua,
vivo, respiro, bebo, pronunciando
quedos versos y prosa castellana,
«buenos días» al aire tan callado.

Corral de vivos y muertos, 1965.


Dionisio Ridruejo

Paseo bajo los árboles, de Eduardo Vicente

La poesía del soriano Dionisio Ridruejo (1912-1975), genuino representante de la generación del 36 y fundador de la revista Escorial, es testimonial e intimista, de corte clásico, y gira en torno al amor, la naturaleza, Dios y la patria.

¿CÓMO SERÁ EL POEMA DE MI ANGUSTIA…?

¿Cómo será el poema de mi angustia
sin un verbo posible que lo mueva?

¿Cuál será el grito por donde escaparme,
cuando, después de verte en tus medidas,
me encierro a devorarme con la sombra
de todo tu infinito,
temblando de ira contra mis sentidos
que al traerme mensajes del presente
me quitan el segundo que sólo a ti te debo?

¿Cuál será la palabra para decirle al mundo
cómo mi sangre pasa por tus venas?

Tengo la piel del cuerpo y la del alma
manchadas con las flores que te visten
y adivino unas sílabas no usadas
que pregonan tu nombre verdadero.

Pero no sé contaros cómo ardo.
¡Gritad, silencios! ¡Despertadme, gritos!

Primer libro de amor, 1935-39.


Carlos Edmundo de Ory

Carlos Edmundo de Ory (Cádiz, 1923-2010) es el máximo representante del postismo, movimiento heredero de las vanguardias, que se dio a conocer en 1945. La defensa de la imaginación, el aprovechamiento del subconsciente y la visión lúdica del lenguaje son sus principales valores.

LA INFELICIDAD DEL POETA

Respirar ver oír dormir
¡Qué simple es todo esto!
No puede pensarse que el poeta
sea feliz con gozos inmediatos
En el lugar más alto él pone
el mundo sensual y vital
La imaginación y los sentidos
La fantasía y la emoción
De pasiones se nutre y muere
De vehemencia violenta y gritos
Sólo la experiencia le importa
Con su íntima riqueza el deseo
Los valores de insatisfacción
La inmediatez el arrebato
La felicidad no le interesa

Agni, 1970.


Adolfo Sánchez Vázquez

Don Quijote en el Exilio, de Antonio Rodríguez Luna

Adolfo Sánchez Vázquez (Algeciras, 1915-2011), poeta y filósofo exiliado, radicado en México tras la Guerra Civil, sustenta su poesía en el compromiso político, la memoria histórica y la expresión de inquietudes existenciales.

MISERIA DE UNA POESÍA

Poesía enfermiza sin más huella
que la escoria que dejas en el alma;
sólo entre odios tu dolor se calma
y sólo con la vida es tu querella.

Al declarar la guerra a la ternura
ni una tierna sonrisa te detiene;
sólo veneno tu metal contiene,
sólo la podredumbre en ti perdura.

Te reconozco en ese recoveco
revuelto entre cenizas y gusanos
en este muladar de tu porfía.

Tu voz ya no es tu voz, sólo es un eco,
un rescoldo de fuegos inhumanos,
un cadáver que escribe todavía.

Sonetos del destierro, 1951-1952.