Categoría: VII) Posguerra

Ildefonso Manuel Gil

Sin título, de Cirilo Martínez Novillo

La poesía del zaragozano Ildefonso Manuel Gil (1912-2003), poeta adscrito al grupo de la revista Hora de España, expresa, en versos sencillos, inquietudes sociales y existenciales.

POÉTICA

Busqué siempre en mis versos
un humano temblor, aunque sabía
que los mármoles tersos,
pura geometría,
resisten más el peso de los días.

Pero yo soy apenas
esta hora que vivo intensamente;
el río de mis venas
se aleja de su fuente
y se sume del tiempo en la corriente.

Canto la pesadumbre
del doliente vivir que es mi destino,
la loca incertidumbre
de ir abriendo camino
en soledad, a oscuras y sin tino.

En mi voz, al hablaros,
carga el dolor la fuerza de su acento,
y sólo he de dejaros
esta angustia que siento
en ritmo entrecortado de lamentos.

El hombre, viva llama,
que de su propio fuego es abrasado,
espera, sufre, clama
y corre desolado
por el terror ceñido y acosado.

El ángel irascible
sembrador de los odios, inclemente,
en la tierra impasible
derrama su simiente,
que los hombres cultivan ciegamente.

Agónico presencio
el acoso del hombre perseguido;
escucho en el silencio
su confuso gemido
de dios mugiente o animal herido.

Mi verso es así el grito
que en la más honda entraña me ha brotado.
Más que en frío granito,
quiero el nombre grabado
al pie de un verso en sangre sustentado.

Poemas de dolor antiguo, 1945.


Juan Gil-Albert

Paisaje con sombrilla roja, de Esteban Vicente

El tono intimista, la expresión culterana o surrealista, el trasfondo mítico, profundamente ligado al Mediterráneo, son elementos recurrentes en la poesía del alicantino Juan Gil-Albert (1904-1994).

EL ARTISTA

Sobre montones de cadáveres,
sobre espesuras de gritos que han quedado
hemos bruñido un torso resplandeciente
o espabilado la gracia lunar,
sobre las sombras de los seres resentidos y acres.

Sobre figuras que acapara el polvo,
sobre el humano río que se queja,
sobre la torva espalda del trabajo
la indiferencia de los pájaros que cantan
y la huida cobarde.

Así, porque los guantes ocultan un corazón helado,
porque las bellas palabras son fermentos reverdecidos,
porque la soledad es nuestro nido de gusanos,
se nos llama tulipán o rosa
sobre piras inmensas de hambre.

Candente horror, 1936.


José Ángel Valente

Noalla, de Xaime Quessada

El orensano José Ángel Valente (1929-2000) concibe la poesía como medio de conocimiento de la realidad. En su trayectoria, a la reflexión sobre lo histórico sucede la meditación sobre el sentido del ser.

NADA ESTÁ ESCRITO

Nada está escrito.
Ni un nombre. Lo cumplido
no es mío. Abierto
está mi ser a lo posible. Voy.
Y sin saber pregunto
adónde voy,
porque nada está escrito.
Ni un labio, ni la luz
que en su extensión reposa,
ni ese cuerpo fugaz
un instante entregado
al aire, más real,
que súbito lo crea.
Quedan las formas sólo,
vacías, lo vivido,
la memoria anegando
vanamente palabras.

Duro entre los mortales
oficios es el canto.

Porque yo he dicho amor
o primavera o muerte,
y no te he pronunciado,
única y mía,
mi palabra final
en mí desde el principio.

Amor o primavera
o muerte. El mundo empieza
aún. Tú estás en mí
futura, trémula,
no dicha, haciendo
luz posible mis labios
bajo este cielo abierto
donde nada está escrito.

Nada está escrito, 1952-1953.


Ángel González

Reprimenda, fotografía anónima

La poesía de Ángel González (Oviedo, 1925-2008), realista y narrativa, pesimista o nostálgica, supuso la superación, mediante el escepticismo y la ironía, de la poesía social de los años 50. Sin embargo, nunca abandonó la voluntad de testimonio histórico ni eludió temas como la soledad del hombre en el áspero mundo.

ME FALTA UNA PALABRA, UNA PALABRA…

Me falta una palabra, una palabra
sólo.
Un niño pide pan; yo pido menos.
Una palabra dadme, una sencilla
palabra que haga juego
con…
Qué torpes
mujeres sucias me interrumpen
con su lento
llorar…

Comprended: cualquiera de vosotros,
olvidada en sus bolsos, en su cuerpo,
puede tener esa palabra.
Cruza más gente rota, llegan miles
de muertos.

La necesito: ¿No veis
que sufro?
Casi la tenía ya y vino ese hombre
ceniciento.

Ahora…
¡Una vez más!
Así no puedo.

Áspero mundo, 1956.


Ángela Figuera Aymerich

Bautizo, de Isaac Díaz Pardo

Ángela Figuera Aymerich (Bilbao, 1902-1984) fue una de las voces más destacadas de la poesía social en la posguerra, esa poesía que en palabras de la autora “grita con el dolor de todos y denuncia con la rabia de todos”. La reivindicación del papel social y cultural de la mujer es otro de los ejes de su obra.

EL FRUTO REDONDO

Sí, también yo quisiera ser palabra desnuda.
Ser un ala sin plumas en un cielo sin aire.
Ser un oro sin peso, un soñar sin raíces,
un sonido sin nadie…

Pero mis versos nacen redondos como frutos,
envueltos en la pulpa caliente de mi carne.

Mujer de barro, 1948.