Categoría: VII) Posguerra

Aquilino Duque

Desnudo, de Ricardo Macarrón

El poeta y ensayista de pensamiento liberal Aquilino Duque (Sevilla, 1931) considera la poesía “más como cántico que como sermón, más como revelación que como testimonio”. En sus versos se percibe el magisterio de los grandes poetas andaluces del siglo XX, del modernismo y del 27.

DIALÉCTICA

Somos la inmensa mayoría;
somos todos iguales y mediocres.
Tú, poeta, no olvides que eres masa;
canta en el coro y nunca se te ocurra
salir de formación o adelantarte,
que el que destaca es un insolidario
reo de lesa historia, y tú no debes
olvidar que nosotros olvidamos
piadosamente tus orígenes.
¿Que fuiste un precursor?
¿Que tu palabra precedió a la aurora?
Somos la luz, la eternidad es nuestra.
Vivimos en aurora permanente.
Limítate a cantarla y, si dudases
aún, ven y pregunta, que doctores
tiene la santa madre historia.
¿Qué soberbia es la tuya
de buscar la verdad por cuenta propia?
¿Quién eres tú, que no te basta
esta ración de luz que se te asigna?
Ten calma. Algunas veces la verdad
es históricamente inoportuna.
Es cuestión de aguardar algunos años,
algunos siglos como mucho,
¿y qué son unos siglos cuando piensas
en la paradisíaca eternidad
que ganarás con tu silencio?
Esgrime el arma que te damos
y asesina cadáveres,
momias propiciatorias,
que el mundo de hoy está bien hecho
pues obra nuestra es.
Ya no hay contradicciones:
en nuestra sociedad, sino dialéctica.
Somos progreso, libertad, justicia.
La Historia está de nuestra parte.
Todo aquél que no canta con nosotros
canta contra nosotros.
Este es el juego, si lo aceptas
te leeremos todos, pues en ti
fulgirá, espejo colectivo,
la elevación de nuestro pensamiento.
Si no lo aceptas, abre tu escritorio
oloroso a manzanas putrefactas
y saca esa pistola que despeja
las dudas de una vez y para siempre.
A florecer, rosal planificado.
Y tú, viola tricolor,
flor ojerosa, pensamiento viudo,
no hagas escenas de mal tono
sobre la tumba de ese desdichado
zángano de la superestructura,
de ese poeta anónimo
que no tuvo bastante
con perder las cadenas.

1964. De palabra en palabra, 1972.


Jesús Hilario Tundidor

Flor blanca, de Joan Hernández Pijoan

Para Jesús Hilario Tundidor (Zamora, 1935), escribir poesía es “apasionar la inteligencia y clarificar la emoción del conocimiento dentro de una experiencia personal profunda, que se expresa en los territorios del poema por medio de los automatismos preconscientes del lenguaje”.

POÉTICA

Miro el espacio azul. Me crecen alas
de oro. Paz de oro, espuma silenciosa
viene hasta el corazón. En la espaciosa
inmensidad, en las enormes salas

del aire crece, extiende ya sus galas
el sueño. No es sueño. Ser. No es ser. ¿Fosa
será de mi deseo? No, no hay cosa
más lejos de la muerte que estas alas.

Hálito del dolor que se origina
desde un dentro de sol y permanencia
como los robles, más, como la encina.

Es un instante. ¿Suficiente? Anhelo,
ya hermandad absoluta, la existencia.
Todo es un vuelo y más, es más que un vuelo.

En voz baja, 1969.


Carlos Pujol

Menina, de Alfonso Alzamora

Carlos Pujol (Barcelona, 1936-2012) huye en su poesía del confesionalismo y de la retórica. Utiliza de forma recurrente la técnica del monólogo dramático: cede así su voz a artistas como Bernini o Vermeer, y a través de ellos indaga en los misterios de lo cotidiano. Su lenguaje, hondo y transparente, pretende “decir lo máximo con recursos mínimos o que lo parezcan”.

ARTE POÉTICA

La perfección tal vez, o el simulacro
que sirve de consuelo por su ausencia,
no depende jamás del añadir
tal o cual adjetivo,
seguramente todos extravían,
sino de la cordura de no usar
las palabras sobrantes. Casi todas.
Aludiendo a razones
desconocidas, pero imprescindibles,
un poema se teje con silencios
que la voz reconoce como suyos.
Para poder contar lo que sabemos
acerca del amor, de cómo pasa
el tiempo por las vidas.

Vidas de los poetas, 1995.


José García Nieto

Arquitectura rural, de Rafael Alonso

José García Nieto (Oviedo, 1914-2001), fundador de la revista Garcilaso y uno de los máximos representantes de la poesía arraigada de posguerra, cultivó los metros tradicionales y trató del amor, la religiosidad y el paisaje en un tono sereno y clásico y con gran perfección formal.

NO SÉ SI SOY ASÍ NI SI ME LLAMO…

A cantar dulce, y a morirme luego.
GÓNGORA

No sé si soy así ni si me llamo
así como me llaman diariamente;
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.

Lluvia sin ocasión, huerto sin amo
donde el fruto se cae sobradamente
y donde miel y tierra, juntamente,
suben a mi garganta, tramo a tramo.

Suben y ya no sé dónde coincide
mi angustia con mi júbilo, ordenando
esta razón sonora y sucesiva.

Y estoy condecorado, aunque lo olvide,
por un antiguo nombre en que cantando
voy a mi soledad definitiva.

Poesía 1940-1943, 1944.


Rafael Morales

S/T, de Francisco Lozano

El primer libro de poemas del toledano Rafael Morales (1919-2005), Poemas del toro (1943), se inscribe dentro de la tendencia garcilasista de la inmediata posguerra, que abandonará pronto. Sus siguientes creaciones reflejan con un tono de angustia existencial el sufrimiento de los desposeídos.

EL POEMA

He aquí que voy escribiendo
huellas de un caminante
hacia el olvido,
palabras que se quedan
yertas sobre el papel.
Sólo un silencio azul
tras el leve rumor de la escritura,
aventura florida,
muerta al tocar la luz.

Voy dejando mi vida
sobre el breve refugio
del papel sorprendido,
sola en la soledad
de los renglones,
muerta en un mapa
de heladas cicatrices.

Lector,
hermano mío,
necesito tus ojos
y tu voz
y su sangre
para vivir de nuevo
tras la pequeña muerte
que habita en mi poema.

Entre tantos adioses, 1993.