Álvaro Mutis

Adán, de Eduardo Ramírez Villamizar

La poesía del colombiano Álvaro Mutis (1923-2013) presenta una visión desencantada de la existencia, a través de la voz de Maqroll el Gaviero, personaje de ficción que también protagoniza sus novelas.

CADA POEMA

Cada poema un pájaro que huye
del sitio señalado por la plaga.
Cada poema un traje de la muerte
por las calles y plazas inundadas
en la cera letal de los vencidos.
Cada poema un paso hacia la muerte,
una falsa moneda de rescate,
un tiro al blanco en medio de la noche
horadando los puentes sobre el río,
cuyas dormidas aguas viajan
de la vieja ciudad hacia los campos
donde el día prepara sus hogueras.
Cada poema un tacto yerto
del que yace en la losa de las clínicas,
un ávido anzuelo que recorre
el limo blando de las sepulturas.
Cada poema un lento naufragio del deseo,
un crujir de los mástiles y jarcias
que sostienen el peso de la vida.
Cada poema un estruendo de lienzos que derrumban
sobre el rugir helado de las aguas
el albo aparejo del velamen.
Cada poema invadiendo y desgarrando
la amarga telaraña del hastío.
Cada poema nace de un ciego centinela
que grita al hondo hueco de la noche
el santo y seña de su desventura.
Agua de sueño, fuente de ceniza,
piedra porosa de los mataderos,
madera en sombra de las siemprevivas,
metal que dobla por los condenados,
aceite funeral de doble filo,
cotidiano sudario del poeta,
cada poema esparce sobre el mundo
el agrio cereal de la agonía.

Los trabajos perdidos, 1965.


Ada Salas

Una flor de opio sobre el lago, de Tono Carbajo

Para Ada Salas (Cáceres, 1965), la poesía es descubrimiento y revelación. Al poema “perfecto”, que se consigue con “oficio”, prefiere aquél que contiene un aliento inesperado que acrecienta el conocimiento del hombre, del mundo y de la vida.

HAY LIBROS QUE SE ESCRIBEN SOBRE LA CARNE MISMA…

Hay libros que se escriben sobre la carne misma.
Son esas cicatrices que nos hablan
y sangran
cuando el tiempo se rinde a su derrota
un puñado de signos que apenas
comprendemos

y eran el beso intacto de la vida.

La sed, 1997.


David Escobar Galindo

Sin título, de Benjamín Cañas

La fecunda y controvertida obra de David Escobar Galindo (El Salvador, 1943) abarca desde los temas eternos, como el amor y la muerte, a los problemas sociales más inmediatos de El Salvador.

ARS POÉTICA

¡Belleza, flor de sueño, al fin alientas
después de tanto espanto y tanto llanto!
Porque también tu gracia puede tanto,
tanto más que el crujir de las afrentas.

Después de la dolencia del espanto,
cómo surgen tus músicas sedientas:
surtidores que ayer fueron tormentas
murmullos que mañana serán canto.

Se escondió tu vigilia donde pudo,
durmió entre los escombros hecha un nudo,
se ocultó en un rincón de la cornisa.

Pero ha venido el tiempo del sosiego.
¡Y tú, belleza, manantial de fuego,
renaces otra vez de la ceniza!

Doy fe de la esperanza, 1985-1992.


Enrique Gómez-Correa

La danza de la muerte, de Roberto Matta

Enrique Gómez-Correa (1915-1995) es uno de los cofundadores del grupo Mandrágora, el cual daría forma y sustento al experimento surrealista en Chile. Concibe la poesía como una forma de penetrar en lo desconocido y recomienda huir «de los concursos, de los premios literarios, de la lepra y de Neruda».

MANDRÁGORA, ARTE POÉTICO

1

Al toque del relámpago
Sacad de paseo vuestro espíritu
Hacia los acantilados del mundo exterior
Tomad la primera palabra que salte sobre el labio
Y lanzaos con ella al infinito.

El mundo es una invención de poetas
El poeta es una invención de la palabra
Y la palabra es el perfil del sueño.

Que el hombre se busque en su obscuridad
Que viva en sus mitos
Que dé rienda suelta a su locura.

Es siempre ese juego de peligros
Ese ir y venir de lo inteligible a lo ininteligible
La necesaria presencia actual de la inefable
Que se nos va que se nos va
Y que por un golpe de azar reconocemos y capturamos
En la angustia de la mañana en la angustia de la tarde en la angustia de la noche
En fin comprendes
En plena soledad.


Vicente Valero

Plato vacío, de Jorge Bayo

El poema es para Vicente Valero (Ibiza, 1963) arte de la palabra y emoción compartida. En sus versos, serenos, se produce un sostenido equilibrio entre realismo y simbolismo, percepción y meditación.

OFICIO

Y penetrando así, en lo más hondo
nuestro, como llamados,
en ese espacio único no dicho todavía,
repleto de fantasmas:
¿sabemos algo más, sabemos algo?

Hemos dado por fin con aquel sueño:
las fábulas gastadas,
esta memoria nuestra a punto de romperse
en un golpe de mar,
la verdadera edad de los que huyeron,
corriendo, hacia lo otro,
con los bolsillos llenos de preguntas
y la boca reseca…

¿Cuándo empezamos de verdad, o dónde
termina todo, en qué?

Iluminados por la paradoja:
sólo sé que hemos ido abriendo el apetito
a fuerza de saciarnos con promesas…
Este mar, el mar: ¿quién podrá agotarlo?
Los restos de la noche:
remos rotos y conchas amarillas,
este dolor que da la luz, que impone
la claridad ahora.

En este espacio único, tan nuestro,
repleto de fantasmas:
llegan de aquí y de allá, todas las noches.
No dejan de asomarse.
Ponemos voz y letra a su memoria.
No dejan de querernos: es su única manera
de estar entre nosotros todavía.

Y así nos acercamos, lentamente,
sin saber muy bien cómo,
pero pisando la ceniza última,
al punto más distante y cercano a la vez
de lo desconocido:
el cuerpo intacto, puro, soñado, del poema.

¿Qué queda, entonces, nuestro,
de nosotros,
o para quién dejamos de ser lo que hemos sido?

Teoría solar, 1992.