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José Asunción Silva

El colombiano José Asunción Silva (1865-1896) es, entre los poetas de la primera generación del Modernismo, el que más se adentra en el ámbito del simbolismo. De ahí su gusto por la expresión misteriosa, vaga, sugerente y de cadenciosa musicalidad. Otros rasgos de su poesía son la obsesión por el tiempo, el recuerdo y la muerte, y el tono elegíaco.

LAS ARPAS

Va la brisa por valles y collados
Y cargada de aromas y silencio
No lleva, entre sus alas invisibles,
Ni una voz —ni una música —ni un eco.
Pero en oscuro bosque retirado
Patria de las dríadas y los genios,
En alto tronco suspendida encuentra
Arpa eolia de místicos acentos,
Al pasar vibra en las sonoras cuerdas
Del dulce y melancólico instrumento
Y van sus sosegadas armonías
A perderse a lo lejos!

El alma del poeta es delicada
Arpa —que cuando vibra el sentimiento
En sus cuerdas sensibles—se estremece
Y produce sus cantos y sus versos.

Intimidades, 1880-1884.


Juan Nicasio Gallego

Muerte de Viriato, de José de Madrazo

El zamorano Juan Nicasio Gallego (1777-1853) es uno de los representantes de la poesía civil liberal de origen ilustrado, clave en la transición entre Neoclasicismo y Romanticismo.

A MI CARAMILLO

Rómpase ya la mísera flautilla,
que entonando de amor tiernos cantares,
si no aplacó su voz soberbios mares,
supo alegrar los campos de Castilla.

En son festivo el Tormes a su orilla
sonar la oyó sin sustos ni pesares,
y hora escucha sus quejas Manzanares,
y el llanto ve correr por mi mejilla.

Mas si cantar de aquélla solo sabe,
que ya no osa nombrar el labio mío,
la belleza gentil, los garzos ojos;

como mi dicha y mi esperanza, acabe,
y envueltos con mis lágrimas el río
lance al Tajo profundo sus despojos.

1808. Obras poéticas, 1854.


Dante Gabriel Rossetti

Venus Verticordia, de Dante Gabriel Rossetti

El pintor y poeta inglés Dante Gabriel Rossetti (1828-1882) fue un apasionado de la belleza. En sus poemas, decadentes, se funden sensualidad y misticismo, carnalidad y espiritualidad.

CANTO DE AGONÍA

Si conmover persigues con tu canto
Han de brotar tus lágrimas primero,
No posees otro espejo que tu entero
Corazón en la mano ni otro encanto

Que no sean tu ardor o tu quebranto.
El verso no es más que un sutil venero
Que mana del misterio, el verdadero
Sólo es aquel que surge con el llanto.

Apolo no es tu siervo, él sólo acecha
Tu alma con sus dardos, nunca olvida
Su repleto carcaj sobre tu mano.

Pero si el llanto brota por la herida
De tus labios, también su alada flecha
Ha de alcanzar al corazón hermano.

La casa de la vida, 1881. Traducción de Francisco M. López Serrano.


Gertrudis Gómez de Avellaneda

Odalisca, de Mariano Fortuny

Gertrudis Gómez de Avellaneda (Cuba, 1814-1873) es una de las figuras más destacadas del romanticismo hispánico. Los tormentos de la pasión amorosa, el tedio ante la vida y la dignificación del papel de la mujer en la sociedad son algunos de los temas que recorren sus versos.

A LA POESÍA

¡Oh tú, del alto cielo,
Precioso don al hombre concedido!
¡Tú, de mis penas íntimo consuelo,
De mis placeres manantial querido!
¡Alma del orbe, ardiente Poesía,
Dicta el acento de la lira mía!

Díctalo, sí; que enciende
Tu amor mi seno, y sin cesar ansío
La poderosa voz -que espacios hiende-
Para aclamar tu excelso poderío;
Y en la naturaleza augusta y bella
Buscar, seguir y señalar tu huella.

¡Mil veces desgraciado
Quien -al fulgor de tu hermosura ciego-
En su alma inerte y corazón helado
No abriga un rayo de tu dulce fuego!
Que es el mundo sin ti templo vacío,
Cielo sin claridad, cadáver frío.


John Keats

Lago Buttermere con parte de Cromackwater, Cumberland, un chubasco, de Joseph Mallord William Turner

La poesía del inglés John Keats (1795-1821), figura esencial del romanticismo europeo, proyecta una mirada melancólica sobre la naturaleza, el amor, el dolor, el paso del tiempo… Además, funde, a la perfección, la forma clásica con la emoción y sensualidad del romanticismo.

EL POETA

UN FRAGMENTO

¿Dónde está el poeta? ¡Oh Musas, decídmelo, decídmelo,
para que yo lo conozca!
Es un hombre igual que
cualquier hombre, que un Rey, por ejemplo,
o el más mísero mendigo de la tierra
o cualquier otra cosa asombrosa
que un hombre pueda ser entre un simio y Platón.
Es el hombre que igual que un ave,
águila o chochín, encuentra el camino
a todos sus instintos; que ha escuchado
el rugido del león y puede contarnos
qué es lo que transmite esa dura garganta;
y a quien llega articulado
el aullido del Tigre sonando
en sus oídos como lengua materna.

1816. Traducción de Ángel Rupérez.