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Bernardo López García

Sátira del suicidio romántico, de Leonardo Alenza

El poeta jienense Bernardo López García (1838-1870) alcanzó fama con su oda patriótica a El dos de mayo. En el soneto A un mal poeta romántico, se burla del patetismo y del gusto por lo fúnebre y lo macabro de cierto romanticismo.

A UN MAL POETA ROMÁNTICO

Escritor funeral; genio sin cena;
cantor de tumbas y demás horrores;
perpetuo cazador de ruiseñores;
espectro sin dinero y con melena.

Funerario conserje de la pena;
perseguidor de parcas y dolores;
Safo varón, que al recordar amores
quieres morir por abreviar la escena…

Deja la muerte ya… mas por si aspira
tu genio a abandonar la humana zona,
no busques árbol, ni cordel ni pira.

Oye mi voz que la verdad abona;
ponte al cuello las cuerdas de tu lira,
y cuélgate después… de tu persona.

Poesías, 1880 (2ª ed.).


Rubén Darío

Estanque, hojas caídas y cisnes, de Antonio Muñoz Degrain

El nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) es uno de los mayores renovadores de la poesía en español, así como el máximo representante del Modernismo. Nos legó una lírica brillante, sensual, impresionante por su riqueza léxica y el virtuosismo de sus efectos rítmicos.

PUSO EL POETA EN SUS VERSOS…

Puso el poeta en sus versos
todas las perlas del mar,
todo el oro de las minas,
todo el marfil oriental;
los diamantes de Golconda,
los tesoros de Bagdad,
los joyeles y preseas
de los cofres de un Nabab.
Pero como no tenía
por hacer versos ni un pan,
al acabar de escribirlos
murió de necesidad.

Abrojos, 1887.


José Santos Chocano

La patria, de Teodoro Núñez Ureta

El peruano José Santos Chocano (1875-1934) ambicionó convertirse en el poeta de América. La geografía y la naturaleza americanas son cantadas en sus versos con todos los excesos retóricos del modernismo exteriorista más grandilocuente.

BLASÓN

Soy el cantor de América autóctono y salvaje:
mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.
Mi verso no se mece colgado de un ramaje
con vaivén pausado de hamaca tropical…

Cuando me siento Inca, le rindo vasallaje
al Sol, que me da el cetro de su poder real;
cuando me siento hispano y evoco el Coloniaje,
parecen mis estrofas trompetas de cristal…

Mi fantasía viene de un abolengo moro:
los Andes son de plata, pero el León, de oro,
y las dos castas fundo con épico fragor.

La sangre es española e incaico es el latido;
¡y de no ser Poeta, quizá yo hubiera sido
un blanco aventurero o un indio emperador!

Alma América, 1906.


Mihail Eminescu

Por el mar, de Nicolae Grigorescu

El romántico Mihail Eminescu (1850-1889) está considerado como el mayor poeta en lengua rumana. En sus versos, elegantes y armoniosos, trata sobre la patria, el amor y la naturaleza.

A MIS CRÍTICOS

Hay muchas flores, mas pocas
en el mundo darán fruto;
todas llaman a la vida,
pero muchas morirán.

Es fácil escribir versos
cuando nada hay que decir,
hilando palabras huecas
que por el fin rimarán.

Mas cuando tu corazón
arde en pasión y deseos
y cuando busca tu espíritu
escuchar todas las voces,

que como flores de vida
golpean tu pensamiento,
ellas te piden nacer
y un vestido de palabras.

Frente a tus propias pasiones
y frente a tu propia vida,
¿dónde encontrarás los jueces
de duros ojos de hielo?

¡Ay!, entonces te parece
que el cielo se derrumba;
¿dónde encontrarás palabras
para decir la verdad?

Críticos, flores estériles,
que nunca habéis dado fruto,
es fácil escribir versos
cuando no hay que decir nada.

1884. Traducción de Mª Teresa León y Rafael Alberti.


Ricardo Palma

La tapada, de Mauricio Rugendas

Famoso sobre todo por sus narraciones legendarias tituladas Tradiciones peruanas, Ricardo Palma (1833-1919) fue también poeta. No llegó a considerarse más que un mediano versificador y se avergonzaba de los excesos románticos de sus libros juveniles. En sus libros de madurez, como Verbos y gerundios, usó del verso para exponer su pensamiento.

LA POESÍA

–¿Es arte del demonio o brujería
esto de escribir versos? –le decía,
no sé si a Calderón o Garcilaso
un mozo más sin jugo que el bagazo–.
Enséñeme, maestro, a hacer siquiera
una oda chapucera.
–Es preciso no estar en sus cabales
para que un hombre aspire a ser poeta;
pero, en fin, es sencilla la receta.
Forme usted líneas de medida iguales,
luego en fila las coloca juntas
poniendo consonantes en las puntas.
–¿Y en el medio? –¿En el medio? ¡Ese es el cuento!
Hay que poner talento.

Verbos y gerundios, 1870-1878.