Etiqueta: Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

José Ángel Valente

Noalla, de Xaime Quessada

El orensano José Ángel Valente (1929-2000) concibe la poesía como medio de conocimiento de la realidad. En su trayectoria, a la reflexión sobre lo histórico sucede la meditación sobre el sentido del ser.

NADA ESTÁ ESCRITO

Nada está escrito.
Ni un nombre. Lo cumplido
no es mío. Abierto
está mi ser a lo posible. Voy.
Y sin saber pregunto
adónde voy,
porque nada está escrito.
Ni un labio, ni la luz
que en su extensión reposa,
ni ese cuerpo fugaz
un instante entregado
al aire, más real,
que súbito lo crea.
Quedan las formas sólo,
vacías, lo vivido,
la memoria anegando
vanamente palabras.

Duro entre los mortales
oficios es el canto.

Porque yo he dicho amor
o primavera o muerte,
y no te he pronunciado,
única y mía,
mi palabra final
en mí desde el principio.

Amor o primavera
o muerte. El mundo empieza
aún. Tú estás en mí
futura, trémula,
no dicha, haciendo
luz posible mis labios
bajo este cielo abierto
donde nada está escrito.

Nada está escrito, 1952-1953.


José Emilio Pacheco

De la serie Zoología mental, de Rodolfo Nieto

La poesía del mexicano José Emilio Pacheco (1939-2014) es una reflexión, entre crítica e irónica, sobre la condición humana. El paso del tiempo, la historia y sus atrocidades, el mundo y sus desasosiegos, la magia que surge de lo cotidiano… son temas frecuentados por él.

ES HOGUERA EL POEMA…

Es hoguera el poema
y no perdura

Hoja al viento
tal vez
También tristísima
Inmóvil ya
desierta
hasta que el fuego
renazca en su interior

Cada poema
epitafio del fuego
cárcel
llama
hasta caer
en el silencio en llamas

Hoja al viento
tristísima
la hoguera

El reposo del fuego, 1963-64.


Ernesto Cardenal

Dos bañistas en los rápidos, de Armando Morales

La poesía en Ernesto Cardenal (1925), político y sacerdote nicaragüense, próximo a la teología de la liberación, se vuelve ensayo en el sentido en que se usa para la difusión de ideas políticas, económicas y religiosas. Es una poesía comprometida con la realidad social latinoamericana, que hace uso de los recursos tradicionalmente considerados más propios de la prosa, como el lenguaje conversacional.

TE DOY, CLAUDIA, ESTOS VERSOS, PORQUE TÚ ERES SU DUEÑA…

Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan,
un día se divulgarán tal vez por toda Hispanoamérica…
Y si al amor que los dictó, tú también lo desprecias,
otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas,
(escritos para conquistarte a ti) despiertan
en otras parejas enamoradas que los lean
los besos que en ti no despertó el poeta.

Epigramas, 1961.


Ángel González

Reprimenda, fotografía anónima

La poesía de Ángel González (Oviedo, 1925-2008), realista y narrativa, pesimista o nostálgica, supuso la superación, mediante el escepticismo y la ironía, de la poesía social de los años 50. Sin embargo, nunca abandonó la voluntad de testimonio histórico ni eludió temas como la soledad del hombre en el áspero mundo.

ME FALTA UNA PALABRA, UNA PALABRA…

Me falta una palabra, una palabra
sólo.
Un niño pide pan; yo pido menos.
Una palabra dadme, una sencilla
palabra que haga juego
con…
Qué torpes
mujeres sucias me interrumpen
con su lento
llorar…

Comprended: cualquiera de vosotros,
olvidada en sus bolsos, en su cuerpo,
puede tener esa palabra.
Cruza más gente rota, llegan miles
de muertos.

La necesito: ¿No veis
que sufro?
Casi la tenía ya y vino ese hombre
ceniciento.

Ahora…
¡Una vez más!
Así no puedo.

Áspero mundo, 1956.


Nicanor Parra

Artefacto visual, de Nicanor Parra

La poesía del chileno Nicanor Parra (1914-2018), deliberadamente coloquial, es un ataque provocativo a las instituciones, tradiciones e ideologías políticas, religiosas y estéticas del siglo XX.

ADVERTENCIA AL LECTOR

El autor no responde de las molestias que puedan ocasionar sus escritos:
Aunque le pese.
El lector tendrá que darse siempre por satisfecho.
Sabelius, que además de teólogo fue un humorista consumado,
Después de haber reducido a polvo el dogma de la Santísima Trinidad
¿Respondió acaso de su herejía?
Y si llegó a responder, ¡cómo lo hizo!
¡En qué forma descabellada!
¡Basándose en qué cúmulo de contradicciones!

Según los doctores de la ley este libro no debiera publicarse:
La palabra arco iris no aparece en él en ninguna parte,
Menos aún la palabra dolor,
La palabra torcuato.
Sillas y mesas sí que figuran a granel,
¡Ataúdes!, ¡útiles de escritorio!
Lo que me llena de orgullo
Porque, a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos.

Los mortales que hayan leído el Tractatus de Wittgenstein
Pueden darse con una piedra en el pecho
Porque es una obra difícil de conseguir:
Pero el Círculo de Viena se disolvió hace años,
Sus miembros se dispersaron sin dejar huella
Y yo he decidido declarar la guerra a los cavalieri della luna.

Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte:
«¡Las risas de este libro son falsas!», argumentarán mis detractores
«Sus lágrimas, ¡artificiales!»
«En vez de suspirar, en estas páginas se bosteza»
«Se patalea como un niño de pecho»
«El autor se da a entender a estornudos»
Conforme: os invito a quemar vuestras naves,
Como los fenicios pretendo formarme mi propio alfabeto.

«¿A qué molestar al público entonces?», se preguntarán los amigos lectores:
«Si el propio autor empieza por desprestigiar sus escritos,
¡Qué podrá esperarse de ellos!»
Cuidado, yo no desprestigio nada
O, mejor dicho, yo exalto mi punto de vista,
Me vanaglorio de mis limitaciones
Pongo por las nubes mis creaciones.

Los pájaros de Aristófanes
Enterraban en sus propias cabezas
Los cadáveres de sus padres.
(Cada pájaro era un verdadero cementerio volante)
A mi modo de ver
Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia
¡Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores!

Poemas y antipoemas, 1954.