Gerard Vergés

La loba, de José Luis Pascual

La poesía del tarraconense Gerard Vergés (1931-2014) gira en torno a tres ejes temáticos: el hombre, el paisaje y el tiempo. El tono elegíaco y la ironía son otras de sus constantes.

ARTE POÉTICA

A R. M., que me ha enviado sus versos

Si al escribir, amigo, eres tan vano
que piensas que la rima y la medida
esconden el secreto, cal y espinas
te esperarán en el trovar cerrado.

Palabra oscura y pensamiento vago
tu sepultura cavarán, sin duda.
El verso en sí no es literatura.
La retórica, amigo, es solo fango.

Sé cierto que más fácil que escribir
es dar consejos. Pese a los poetas
malos, bella es la luz que cruza abril.

Como Abraham, hay que tener coraje
y matar, sin piedad, a nuestros hijos.
Y salvar, de entre mil, sólo una imagen.

Lirio entre cardos, 1988. Traducción de Ramón García Mateos.


Laura Campmany

Fotografías de un diario, de Óscar Molina

En la poesía de Laura Campmany (Madrid, 1962) hay una lograda simbiosis entre literatura y vida, además de un notable dominio de la forma.

SONETO

En un soneto cabe cualquier cosa:
la tarde del revés, la golondrina
que asoló con sus alas mi oficina,
y el humo, convertido en mariposa.

Le cabe la certeza luminosa
del rayo que ni cesa ni fulmina.
Le cabe la soberbia gongorina
que urdió en la noche el nombre de la rosa.

Si abarcará universos literales,
campos, espigas, lunas, mares, montes,
que, por caber, le caben catedrales
y lirios que resumen horizontes.

¿Y dices que no cabe el amor nuestro?
Si me das un papel, te lo demuestro.

Del amor o del agua, 1993.


José Gorostiza

Mujer frente al mar, de Francisco Gutiérrez

Para José Gorostiza (1901-1973), poeta perteneciente al grupo mexicano de los Contemporáneos, la poesía “es una investigación de ciertas esencias -el amor, la vida, la muerte, Dios- que se produce en un esfuerzo por quebrantar el lenguaje de tal manera que, haciéndolo más transparente, se pueda ver a través de esas esencias”.

PRELUDIO

Esa palabra que jamás asoma
a tu idioma cantado de preguntas,
esa, desfalleciente,
que se hiela en el aire de tu voz,
sí, como una respiración de flautas
contra un aire de vidrio evaporada,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
en esta exangüe bruma de magnolias,
en esta nimia floración de vaho
que -ensombreciendo en luz el ojo agónico
y a funestos pestillos
anclado el tenue ruido de las alas-
guarda un ángel de sueño en la ventana.

¡Qué muros de cristal, amor, qué muros!
Ay ¿para qué silencios de agua?

Esa palabra, sí, esa palabra
que se coagula en la garganta
como un grito de ámbar.

¡Mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!

Mira que, noche a noche, decantada
en el filtro de un áspero silencio,
quedóse a tanto enmudecer desnuda,
hiriente e inequívoca
-así en la entraña de un reloj la muerte,
así la claridad en una cifra-
para gestar este lenguaje nuestro,
inaudible,
que se abre al tacto insomne
en la arena, en el pájaro, en la nube,
cuando negro de oráculos retruena
el panorama de la profecía.

¿Quién, si ella no,
pudo fraguar este universo insigne
que nace como un héroe en tu boca?
¡Mírala, ay, tócala,
mírala ahora,
incendiada en un eco de nenúfares!
¿No aquí su angustia asume la inocencia
de una hueca retórica de lianas?
Aquí entre líquenes de orfebrería
que arrancan de minúsculos canales
¿no echó a tañer al aire
sus cándidas mariposas de escarcha?

Qué, en lugar de esa fe que la consume
hasta la transparencia del destino
¿no aquí -escapada al dardo
tenaz de la estatura-
se remonta insensata una palmera
para estallar en su ficción de cielo,
maestra en fuegos no,
mas en puros deleites de artificio?

Esa palabra, sí, esa palabra,
esa, desfalleciente,
que se ahoga en el humo de una sombra,
esa que gira -como un soplo- cauta
sobre bisagras de secreta lana,
esa en que el aura de la voz se astilla,
desalentada,
como si rebotara
en una bella úlcera de plata,
esa que baña sus vocales ácidas
en la espuma de las palomas sacrificadas,
esa que se congela hasta la fiebre
cuando no, ensimismada, se calcina
en la brusca intemperie de una lágrima,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
¡mírala, ausente toda de palabra,
sin voz, sin eco, sin idioma, exacta,
mírala cómo traza
en muros de cristal amores de agua!

1936. Del poema frustrado, 1964.


José Agustín Goytisolo

Caballo de Troya, de Josep Maria Subirachs

La poesía de José Agustín Goytisolo (Barcelona, 1928-1999), miembro destacado de la generación del 50, se caracteriza por el tono melancólico, la sátira social y el lenguaje claro y directo.

EL OFICIO DEL POETA

Contemplar las palabras
sobre el papel escritas,
medirlas, sopesar
su cuerpo en el conjunto
del poema, y después,
igual que un artesano,
separarse a mirar
cómo la luz emerge
de la sutil textura.

Así es el viejo oficio
del poeta, que comienza
en la idea, en el soplo
sobre el polvo infinito
de la memoria, sobre
la experiencia vivida,
la historia, los deseos,
las pasiones del hombre.

La materia del canto
nos lo ha ofrecido el pueblo
con su voz. Devolvamos
las palabras reunidas
a su auténtico dueño.

Algo sucede, 1968.


Gerardo Valencia

Diálogo, de Ignacio Gómez Jamarillo

En la poesía del colombiano Gerardo Valencia (1911-1994), miembro del grupo poético Piedra y Cielo, la sencillez de la belleza armoniza con la profundidad vital.

POESÍA

Amigo, no desdeñes
la humilde poesía,
que en tallo más débil
hay una flor erguida
y en las alas más tenues
puede volar la vida.

Amigo, no destruyas
la oculta poesía,
que en la hierba que pisas
está brillando el día
y en los árboles secos
hay un arpa escondida.

Amigo, no te empeñes
en la palabra esquiva,
que el vocablo más dulce
puede ser la mentira
y en la voz del silencio
está la poesía.

Amigo, no lamentes
la ausente poesía,
que ella está en la añoranza
de la ilusión perdida
y es nueva en la ternura
del amor que se olvida.

Amigo, no te embriagues
de falsa poesía,
que es el agua sencilla
para la sed bebida
y en la luz de un instante
puede estar la alegría.

Amigo, busca siempre
la muda poesía,
la que no tiene forma
para verter su esencia
y que sin tú saberlo
en ti mismo se anida.

El sueño de las formas, 1981.