Categoría: Literatura mexicana

Ulalume González de León

Bienvenida, de Arnold Belkin

Para la mexicana Ulalume González de León (Uruguay, 1932-2009), que reunió su poesía completa con el título de Plagios, todo está dicho en poesía. Escribir es, por tanto, un juego de variaciones: hacer que los “viejos asuntos” y las “pronunciadas palabras” adquieren nueva significación.

VOCES

El viento y las palabras no escarmientan:
siempre desenterrando caracoles
donde estrenar el viejo asunto
A sí mismos se plagian

Juegos (1968-1969), en Plagio I, 1973.


Gabriel Trujillo Muñoz

Cielo sin nubes, de Yolanda Marroquín

Para Gabriel Trujillo Muñoz (México, 1958), la poesía es “friccionar palabras para arrancarles una chispa que encienda el fuego, que dé luz, que ofrezca conocimiento y calor a un tiempo”. Visual y reflexiva a la vez, su obra lírica destaca por su desencanto y lucidez.

CÁNTICO Y CLAMOR

Recomenzar: el poema
Es siempre un punto de partida
Escalón primero
Hacia otras constelaciones
Cántico y clamor:
Palabras que curan o golpean
Vendaval de imágenes
O luminosa arquitectura
Que avanza sin cesar por este mundo

Mandrágora, 1989.


Pedro Serrano

Cabeza y sandía, de Vladimir Cora

Para el mexicano Pedro Serrano (1957) “lo que hace todo poema es desplazar sentidos, desfijar el lado racional de la lengua”; de ahí que titule a su poesía reunida como Desplazamientos. En sus versos, la intensidad emocional no está reñida con el rigor formal.

LA LLUVIA SECA

A veces el poema es un derrumbe,
un lento y doloroso desprendimiento,
una oscura y escandalosa caída de piedras.
Como una lluvia seca
la cascada de rocas se despedaza
no en el aire sino dentro de sí misma
y el poema es ese polvo de piedra amontonada,
ese duro esqueleto de la lluvia
en donde apenas puede respirarse.
El poema se graba como costra:
no es aquel lento movimiento de ola,
polvo de espuma sobre la caída,
lento despedazarse de las cosas.
Es las estrías de tierra,
los mojones y plantas revolcadas,
la rota sequedad en el silencio posterior,
el hueco desolado en la pared descubierta.
El poema es la costra,
la imagen al final despedazada,
la ruina de esa imagen.

El miedo, 1986.


Enrique González Martínez

La poesía de Enrique González Martínez (México, 1871-1952) destaca, dentro del modernismo hispánico, por su carácter reflexivo y su sobriedad. Con su poema «Tuércele el cuello al cisne» expresó su distanciamiento de las maneras superficiales y decorativas de cierto modernismo.

LO QUE DICE EL POETA

Llamando voy al ritmo y el ritmo no responde,
la idea se me escapa, el numen se rebela,
y soy viador iluso que en frágil carabela
bogando va sin brújula y sin saber a dónde.

En balde martirizo la mente por que ahonde
enigmas y misterios; en vano el alma vuela
de un astro persiguiendo la fugitiva estela…
¡El rastro se me pierde y el luminar se esconde!

Apágase del estro la llama engañadora,
y el corazón en ansias se desespera y llora
de ver la lira torpe y el numen impotente;

mas los anhelos tornan con desusados bríos
y el rumoroso enjambre de los ensueños míos
vuelve a besar mis ojos y a acariciar mi frente.

Lirismos, 1907.


Jaime García Terrés

Dilema, de Manuel Felguérez

Jaime García Terrés (1924-1996) es un destacado miembro de la generación mexicana del 50. En su poesía lo íntimo y lo civil son acentos que se complementan.

CABALLERO CHARLATÁN

Hablar. Hablar para decirlo todo.
Que nada permanezca en el tintero.
Quiero servir de loco pregonero
a cuanto vive o muere de algún modo.

Vuela, pluma. Que fluya con beodo
frenesí de cristal el vocinglero
total vocabulario. Caballero
de la palabra, tal será mi apodo.

Despertaré los nombres de las cosas
a golpes de cuchillo si es preciso.
Callen otros. Yo no. Jamás podría.

Mi pluma nutre un manantial de rosas.
¡Cómo voy a callar! La vida quiso
hacerme charlatán. No es culpa mía.

Las provincias del aire, 1956.