Constantino Cavafis

Marinero con taza para café, de Yannis Tsarouchis

Constantino Cavafis (1863-1933), poeta egipcio de expresión griega, destacó en el tratamiento lírico y ético de temas históricos, y en la pintura sensual, doliente y nostálgica del amor homosexual.

COMPRENSIÓN

Los años de mi juventud, mi vida voluptuosa —
qué claramente veo su significado.

Qué vanos remordimientos, qué innecesarios…

Mas no podía entonces comprenderlo.

En el fondo de mi vida joven y disoluta
hallaron forma las imágenes de mi poesía,
se gestaba el alcance de mi arte.

Por ello mis enmiendas fueron tan inconstantes.
Mis resoluciones de continencia, de cambiar,
duraban dos semanas como máximo.

1918. Traducción de José María Álvarez.


Octavio Paz

El filósofo, de Jesús Guerrero Galván

La poesía del mexicano Octavio Paz (1914-1998) supone un regreso a la vanguardia en lo que ésta tiene de exploración de los límites del lenguaje. Para Paz, el lenguaje no es sino “la cara del ser”: de ahí, que su poesía, incluso la más experimental, tenga una profunda dimensión metafísica.

DESTINO DE POETA

¿Palabras? Sí, de aire,
y en el aire perdidas.
Déjame que me pierda entre palabras,
déjame ser el aire en unos labios,
un soplo vagabundo sin contornos
que el aire desvanece.

También la luz en sí misma se pierde.

Condición de nube (1944), Bajo tu clara sombra (1935-1944), en Libertad bajo palabra, 1935-1957.


Ángel Campos

Vacía iluminación, de Javier Fernández de Molina

El pacense Ángel Campos (1957-2008), destacado traductor de Fernando Pessoa y de otros importantes poetas portugueses, concibe la poesía como el género literario en el que confluyen todos los demás. Sus poemas, breves, en verso o en prosa, profundizan en las verdades esenciales del ser humano.

OFICIO DE PALABRAS

hay palabras
que más tarde quizás
renovarán la tierra
proyectarán tal vez alguna sombra
una sombra delgada
o tal vez no
H. M. Enzensberger

Conforme a la costumbre
antigua de su oficio,
las palabras anuncian
el drama lentamente.
Ocupan los objetos
y enseguida los niegan.
Se dan al desamparo
de los nombres perdiendo
el tiempo si fabulan
historias que no existen.
No es casual que a veces
procuren el poema,
la vigilia, la muerte,
la idea de la rosa.

Siquiera este refugio, 1993.


Mariano Brull

Mujeres junto al río (detalle), de Antonio Gattorno

Mariano Brull (Cuba, 1891-1956), tras una breve incursión en el intimismo posmodernista, sometió su poesía a una profunda depuración intelectual, siguiendo el modelo de Mallarmé y Valéry. La poesía (”Verdehalago”), entendida como puro juego sonoro (Brull es el creador de la jitanjáfora), se propone como medio de evasión de la realidad hostil (”Mundodolido”).

AMAR LO DELICADO Y OTOÑAL…

Amar lo delicado y lo otoñal,
el arte antiguo, la canción de ayer;
la clara transparencia del cristal
como una forma espiritual de ser.

Amar la gracia añeja del rosal
y en rosas nuestro ensueño florecer.
Para lo bello ser sensible, igual
que un alma sensitiva de mujer.

Vivir una emoción en cada cosa,
y una fruición benigna y amorosa
en todo afín espíritu dejar…

Y ver las cosas con el narcisismo
de hallar en todo el alma de uno mismo
y en todo el alma de uno mismo amar.

«Recitación a solas, I», La casa del silencio, 1916.


Javier Salvago

El Ocaso. Gilgamesh VIII, de Alfonso Albacete

En la poesía del sevillano Javier Salvago (1950) se produce un distanciamiento del culteralismo de los años 70 mediante el uso de la ironía, la parodia y el tono coloquial. El paso del tiempo que no perdona, la estafa de la vida y la evocación del paraíso perdido de la infancia son algunos de sus temas.

VARIACIONES SOBRE UN TEMA DE MANUEL MACHADO

El médico me manda no escribir más. Al menos,
me pide que no ponga sobre la llaga el dedo,
que deje de arañarme por dentro como un gato
y, de escribir, que escriba con menos entusiasmo,
que me ande por las ramas –mejor, que fantasee
lo mismo que hacen otros–, que llene las paredes
de tapices, el suelo de mullidas alfombras
y dedique a Venecia y a Pisa algunas odas.
En suma, que no saque mis trapos a la calle
–si por trapos se entienden ciertas intimidades–
y que aprenda a ser pulcro, discreto y decadente
como algunos colegas bastante transigentes.
Total, para que el sueño me otorgue sus blanduras,
imitaré a la grey que aspira a ser oscura.
En un curso intensivo, me aprenderé los nombres
de cuantas telas haya y de todas las flores.
Celebraré los fastos, la gloria, la grandeza
de alguna corte antigua –mejor de ser siniestra–
y afinaré las cuerdas de mi rudo instrumento
para que en adelante suene a Renacimiento.
Si por alguna causa se me agotara el tema
siempre habrá alguna moda, liviana y pasajera,
algo que nos devuelva el sabor del pasado
o su olor, cuando menos, discretamente rancio.
Así que por la paz de un reposo perfecto
–con tal de que no deje testimonio del tiempo
que me tocó vivir–, todo vale. De acuerdo.

En la perfecta edad, 1982.