Categoría: VIII) Contemporáneos

Enrique Gracia Trinidad

Tabla de planchar, de José María Sicilia

El humor y la ironía son constantes en la poesía del madrileño Enrique Gracia Trinidad (1950). Poeta de lo cotidiano, considera que “la poesía no es para tratar temas elevados sino para elevar cualquier tema”.

CONTRA POÉTICAS ILUSAS

Un verso es siempre una aventura,
un juego peligroso
en el que acabas derrotado.
Crees terminarlo y, de repente,
no es tuyo, es algo ajeno, extraño, vivo,
pide otros versos para no estar solo
y parece que nunca se da por satisfecho.

Siempre tiempo, 1997.


Jaime Siles

Gea en acción, de Aurora Valero

Para Jaime Siles (Valencia, 1951), el poema es “un modo nuevo de mirar el mundo a partir de una mezcla de percepción, sorpresa y extrañeza”. En sus primeros libros, Siles se deja seducir por la poesía pura, la poética del silencio, la metapoesía y el minimalismo. Posteriormente, evoluciona hacia una poesía más vitalista y de preocupaciones existenciales.

ÁNGULOS MUERTOS

I

Vivir al otro lado del poema
y no en la realidad, que es su reflejo.
Cruzar por esas calles
que están al otro lado de la vida.
Mirar sus parques y sus plazas
llenas de luz en las mañanas ebrias.
Sentir el movimiento de las hojas
dentro de un aire inmóvil, circular.
Ver el destello de las aguas
de un río que discurre sin principio ni fin.
Ignorar lo que sé,
pensar que ya no existo.

II

Vivir la vida del poema,
resbalar por su voz,
por su respiración,
por su saliva.
Sentir la tinta
llegar a su raíz originaria,
escuchar el sonido de sus velas,
oler el perfume de su vegetación,
sumergirse en sus sones,
sus latidos, sus algas,
saber lo que pasó,
lo que no pudo ser,
lo que no ha sido.
Pero saberlo como fue:
libre de los confusos pliegues
del lenguaje, de la cultura,
de las estatuas.
Libre de todo.
Libre, sobre todo, de mí.
Donde no existan
ni signos ni palabras.
Donde no exista nada.
Donde sólo la nada
sea el idioma de Dios.

III

En esa nada pura
donde vive el poema
estar como de tránsito,
de viaje, de fiesta, de visita.
Estar como de paso
como se está en el yo.
Vivir en el poema
el otro lado del poema.
Vivir la vida del poema
en el continuo tránsito del yo.

Himnos tardíos, 1999.


Antonio Colinas

Violín, de Pere Salinas

La poesía de Antonio Colinas (1946) mantiene un sostenido equilibrio entre emoción y meditación, experiencia vital y experiencia cultural.  Para este leonés, lo propio de la palabra poética es «su necesidad de fulgor, de intensidad, de emoción, de pureza formal».

EL POETA

Quien mida y valore la existencia
con arreglo a verdad, debe tener
en cuenta todo aquello que madura
y luego se corrompe.
Suma de perfecciones
y desesperaciones,
el orbe gira tenso y contiene,
por igual, vida y muerte.

Supremo testimonio del poeta
coronado de gozo y de dolor.
Su ojo está atento a los límites
vacíos
del cielo y de la tierra,
al cíclico y fúnebre
declinar de la Historia,
de colmadas y extensas estaciones.

Todo dura en la vida y es eterno
mientras el hombre no interprete o cante.
Para aquél que ha soñado intensamente
arde el mundo y se agota.
Siente la savia y siente la ceniza
aquél que osa hablar con el Misterio.
Llamas negras se escapan del cerco de los labios.
Y son los labios urnas en la noche.

Jardín de Orfeo, 1988.


Antonio Manilla

Vista de Boston, de Eva Navarro

Antonio Manilla (León, 1967) persigue en su poesía conjugar claridad y emoción. También, dar cuenta del paso del tiempo y trazar el mapa de sus sentimientos. Un lenguaje próximo al cotidiano y un tono intimista sustentan su poética.

POÉTICA ELEMENTAL

Sé que debe evitarse en el poema
la luna y el verano, los celajes cambiantes,
la playa de minutos infinitos
y las rosas fugaces, como el amor eternas
en el jardín cerrado del invierno.
También el oro viejo del ocaso,
también la plata sucia del recuerdo,
las aguas estantías del olvido
y el ruiseñor herido
en cuyo pecho cabe el universo.
Todas aquellas cosas que en silencio
nos hablan de nosotros sin decirnos
y nos dicen verdades –historia sólo hay una–
que siempre son iguales.

Sin recuerdos ni afanes, 1994.


Roger Wolfe

Sin título, de Lluis Naval

En España, el discípulo más aventajado de Charles Bukowski es Roger Wolfe (1962), escritor de origen británico, cuya poesía se sitúa entre el realismo sucio y el expresionismo.

LA TORTURA, VIEJO Y LITERARIO GÉNERO…

Me hablaba
del cielo de Esmirna,
de las doradas cúpulas
que alumbra la tarde veneciana,
del aire perfumado y cómplice de ciertas
umbrosas callejuelas tunecinas, la belleza
inenarrable de Florencia,
y —cómo iba a faltar—
de ese cafetín donde en Lisboa
martirizaba los versos el Poeta…

Hay gente en ocasiones que deseas
que fuera un libro, para así
poder cerrarla con un sonoro y seco
golpe de la mano, sin marcar la página,
y devolverla luego para siempre
al lugar en que por derecho
corresponde:

los mustios anaqueles
de una rancia biblioteca.

Días perdidos en los transportes públicos, 1992.